GRACIAS POR ESTAR. Un cumpleaños, miles de kilómetros y un mismo sentimiento: Gratitud

Ayer, 8 de septiembre, cumplí un año más de vida.

Y quizá hoy, cuando el día ya ha pasado y las emociones comienzan a acomodarse, es cuando puedo detenerme realmente a comprender el hermoso regalo que recibí.

No fueron solamente felicitaciones.

Fueron voces. Fueron recuerdos.

Fueron palabras que atravesaron fronteras, horarios, continentes y plataformas para llegar hasta mí.

Desde distintos lugares del mundo, familiares, amigos, compañeros de trabajo, colegas y personas con las que la vida me ha permitido coincidir, encontraron un momento para hacerme llegar un mensaje.

Algunos escribieron mucho. Otros apenas unas palabras. Algunos acompañaron sus mensajes con fotografías, recuerdos, música o imágenes. Otros simplemente dejaron un “feliz cumpleaños”.

Pero detrás de cada uno había algo que para mí tiene un valor incalculable:

alguien se acordó de mí.

Y eso, en un mundo que muchas veces parece correr demasiado deprisa, es un regalo extraordinario.

La vida es curiosa.

Nos hace coincidir con personas que llegan para quedarse, con otras que pasan durante un tiempo y con algunas que, aun estando lejos, permanecen de alguna manera cerca de nosotros.

Con los años aprendemos que no siempre son los kilómetros los que determinan las distancias.

Hay personas que viven a miles de kilómetros y están presentes.

Y hay personas que están muy cerca y, sin embargo, permanecen lejos.

Por eso ayer sentí una enorme gratitud.

Porque cada mensaje me recordó que los caminos que hemos recorrido dejan huellas. Que el trabajo compartido construye vínculos. Que la amistad puede sobrevivir a las distancias. Que los recuerdos tienen una manera maravillosa de regresar cuando menos lo esperamos.

Y que, finalmente, lo verdaderamente importante de la vida no son solamente las metas alcanzadas, los proyectos realizados o los reconocimientos recibidos.

Son las personas.

Las que nos acompañaron. Las que creyeron en nosotros. Las que nos tendieron una mano. Las que compartieron una parte de su camino. Las que todavía están.

Y también aquellas que, aunque ya no estén presentes de la misma manera, dejaron algo de ellas en nuestra historia.

A todos ustedes quiero decirles hoy algo muy sencillo, pero absolutamente sincero:

GRACIAS.

Gracias por cada palabra. Gracias por cada llamada. Gracias por cada mensaje. Gracias por cada recuerdo. Gracias por cada abrazo enviado desde lejos. Gracias por hacerme sentir acompañada.

Y gracias, sobre todo, por recordarme que ninguna frontera es suficientemente grande cuando existe afecto verdadero.

Comienzo este nuevo año de vida con gratitud.

Con nuevos sueños. Con nuevos proyectos. Con muchas historias todavía por contar.

Y con la convicción de que siempre vale la pena seguir construyendo, seguir creando, seguir aprendiendo y seguir tendiendo puentes entre las personas.

Porque quizás ese sea, después de todo, uno de los mayores privilegios de estar vivos:

tener personas a quienes agradecer.

A todos los que ayer hicieron un espacio en su día para llegar hasta mí para alegrar mi alma desde todos los confines del planeta:

Gracias por estar.

Con cariño y gratitud

Cristina Barcelona


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