
COLUMNISTA
La astucia de ciertos políticos corruptos no se mide jamás por la estatura moral, porque no la tienen, sino por la capacidad precisa y bien calculada para planificar las estrategias que les permitan participar en cada acto delictivo, en jugosos contratos o en los movimientos económicos del erario público, que alcanzan con descaro, precisión y sin el menor temor ni vergüenza.
Son poseedores de una maravillosa visión diurna y nocturna, muy estratégica para sacar, en las horas en que el silencio es cómplice, todo lo que puedan, para hurtar o robar.
La manipulación es su principal postre disfrazado.
Pero es solo una vulgar y descarada extorsión, nada diferente de quienes se lucran del trabajo de los pobres a través de ese mecanismo.
Comercializan principios y valores como una prostituta que vende el cuerpo al mejor postor.
Ellas lo hacen por hambre, y el político corrupto, por avaricia, glotonería de poder y para tener representatividad social a través del dinero.
Lo particular es que los políticos corruptos han escalado sus ambiciones hasta llevarlas al grado de mafiosos de saco y corbata, o de cuello blanco, que astutamente se han filtrado en todos los espacios de la nación.
Aparecen en juntas directivas, en centros sociales, en la academia, en las direcciones educativas.
Manejan los costos de las especializaciones y gradúan la ignorancia a buen precio.
Y no se escapan algunos centros religiosos que utilizan el nombre de DIOS para comercializar y poner de testigo su nombre, para darle la bendición al acto corrupto.
La gran mayoría de los delincuentes comunes tiene un nivel intelectual muy bajo; por eso, como no ven más allá de la nariz, se le miden a todo lo que les genere ingresos, así, en ese oficio, puedan perder la vida.
Ahí está incluido el sicario o el atracador de calle, en motocicleta, que apunta con su pistola y despoja y, a veces, mata.
Otra cosa son los grandes hampones, que tienen una mente maestra, muy arquitectónica, para crear una maqueta para delinquir.
Esos son los que, por lo regular, hacen parte del engranaje que maneja la organización del Estado y de las empresas en lo particular, para evadir y lavar.
Son de una inteligencia excepcionalmente brillante.
Pero esa brillantez está desviada al servicio de propósitos criminales, que conciben y entraman magistralmente para tener dentro del complot su paquete integral para desbancar el país.
Tienen en cuenta todos los imponderables, previendo lo previsible, y hasta se aprovechan de lo fortuito, que es imprevisible, para robarse lo que encuentren; hasta las ayudas para una tragedia.
A todo este menú criminal se enfrenta el Dr. Abelardo de la Espriella, nuestro querido presidente.
Pero… por más avizora, sagaz y maliciosa que tenga la mente el señor presidente, es aconsejable que recurra a la probidad de algunas personas de las diferentes regiones del país que están en cubierta, que saben lo que la malicia del presidente no puede ver.
Yo confío plenamente en la patria milagro; en lo que no confío es en los sabios con tendencia y pasado corrupto.
Prefiero los ignorantes, que al final son más sabios.
