La aventura del tango: Mezcla Explosiva

Antonio Pippo Pedragosa
Columnista

Si es miércoles, suena seguro. Ocurre desde 2004 en su reducto de Bustamante 764, cerca del Mercado de Abasto: un galpón con una bola de espejos, una enorme fotografía de Pugliese y un gato adoptado.

Alguien dijo una vez que “es lo más rockero en la historia del tango y lo más tanguero en la historia del rock”: la orquesta Fernández Fierro, administrada como una cooperativa y hoy compuesta por doce músicos y una cantante.

Para Yuri Venturin, que toca el contrabajo y es uno de los pioneros, las cosas son así:

-El grupo proviene del cisma que deshizo al anterior, Fernández Branca, y a partir de 2001 los que quedamos fundamos la Fernández Fierro y tres años después abrimos el galpón, bautizándolo, qué originales, “Club Atlético Fernández Fierro”; tocamos ahí y por donde aparezca una posibilidad, viajamos por el mundo, editamos nuestros propios discos y hasta libros y consensuamos el repertorio. Buscamos que la sonoridad de los tangos ya hechos, a los que les hacemos arreglos, como los propios, con más esencia rockera, tengan mucha potencia, una calidad violenta o ácida, para decirlo de alguna manera.

La cuestión es que resulta muy difícil definir a esta orquesta. A muchos de sus músicos no sólo les gusta el rock; también Beethoven, Zitarrosa o Charly García y admiran profundamente a Pugliese, Aníbal Troilo, Horacio Salgán y Astor Piazzolla. Es más: en la originalidad de sus arreglos y en la vibración que producen los bandoneones a todo vapor, se reconoce la decisiva influencia de don Osvaldo.

Suele vérsela cual una polémica ambulante. Dijo el violinista Pablo Jivotovschii:

-Nosotros queremos atraer a la juventud que en general ama al rock, a gustar del tango. Y lo hemos logrado, como con otros públicos, sin apartarnos de la idea central de dar modernidad al tango, porque somos una orquesta de tango; lo rockero está en la puesta en escena, en nuestros movimientos, en cómo nos vestimos, en los lentes negros y las rastas de algunos y en los arreglos. Sin embargo, y por ejemplo, no nos interesa lo electrónico: ¡mentira que haya tango electrónico! Es música electrónica con algunos bandoneones agregados que no tiene ningún patrón rítmico de tango.

Eso es tan cierto como que conocen las críticas: les hablan de payasadas, apoyándose básicamente en lo visual. Aunque un hermano de generación, el cantor Ariel Ardit, que se considera un renovador, fue duro:

 -Ponerle algo de rock al tango es ponerle dulce de leche a un sándwich de vacío.

Ellos han confesado que toman del tango aquello que se siente más cercano al rock. Y que no le cantan al camino perdido, al barrio, a lo que era y dejó de ser, pese a que esta declaración suena a un escape si uno escucha las versiones de la Fernández Fierro de Trenzas, Tabaco, La viruta, Milonguero viejo, Te llaman Malevo, Che bandoneón, Recuerdo o La madrugada, entre tantos otros clásicos. Claro, después hacen retumbar en los escenarios Bluses de Boedo (Alfredo Rubin), Avenida desmayo (Yuri Venturin), Asesino (Pablo Gigoli), Buenos Aires hora cero (Piazzolla, con arreglos de Jaime Roos y Raúl Castro), Marejada (Pablo Sensottera), Las luces del estadio (Jaime Roos y Raúl Castro) o Brujos y científicos (Tabaré Cardozo) y el entusiasmo puede cambiar de tribu, aunque no siempre pasa.

El asunto es que, además de recalar por Montevideo varias veces, la Fernández Fierro ha actuado en “Joe’s Club” de Nueva York, “NASA” de Reykjavic, “Tropentheater” de Amsterdam, “Barbican Center” de Londres, “Womex” de Dinamarca, “Ibirapuera” de San Pablo y el Festival Cervantino de México. Y se ha dado el lujo de ser telonera de The Cure, Rufus Wainright, Lou Reed y Björk.

“Esto ya va por provincias”, diría Camilo Cela refiriéndose a los gustos sobre el arte, para escapar al convencionalismo de que el gusto es profundamente subjetivo. Eso sí, la Fernández Fierro no deja indiferente a nadie.

Incluso ha escapado con éxito al éxodo: varios de los músicos de la primera hora se han ido y la despedida que más fuerte pegó fue la de su cantor emblemático, Walter “Chino” Laborde, sustituido por una cantante que se las trae, la joven Julieta Laso, que Yuri Venturin escuchó cantar en el patio contiguo al de su novia:

-Parece loco, pero yo soy una mina profundamente tanguera. Mirá: venía cantando tango reo y edité un disco, Tango rante. No me esperaba esto, pero las letras, aunque fueron creadas antes que llegara, todas me pegan fuerte.

La toma o la deja. A la orquesta, digo.

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