Electra Jonda

TERESA FERNANDEZ HERRERA. Periodista, Escritora, Dir. Gral. Cultura Flamenca. ESPAÑA. PRENSA ESPECIALIZADA

Hay mitos que son eternos y extrapolables a cualquier tiempo y lugar. Esto sucede en la versión basada en los tres autores griegos, -Esquilo, Eurípides, y Sófocles- de Juan Guerrero Zamora y dirigida por Manuel Canseco con la colaboración de la Compañía Ibérica de danza.

La trilogía de Agamenón, ausente diez años de su reino de Micenas por la Guerra de Troya, el sacrificio de su hija Ifigenia para alcanzar el favor de los dioses en tal empresa, han despertado el odio de su esposa Clitemnestra, a quién a su regreso victorioso, con ayuda de su amante Egisto asesina, creyendo que nadie va a saberlo. Pero su hija Electra lo sabe y espera el regreso de su hermano Orestes para vengar la muerte de su padre, que como se espera de una tragedia griega, consiste en asesinar a su madre y al amante de esta, asesinos de su padre. Agamenón como botín de guerra había traído a Micenas a la princesa troyana Casandra, la vidente a la que nadie cree, con la que ha tenido dos hijos.

Canseco traslada la acción a un cortijo andaluz en un tiempo que por la vestimenta de los personajes podemos situar a principios del siglo XX. El mito es sustituido por personas que se nos hacen cercanas en sus acciones y emociones. La jondura la ponen la composición, dirección musical y toque de José Luis Montón, que ya ha traspasado todos los límites. La cantaora Gabriela Giménez, que es Casandra y el Coro Ibérica de Danza.

Casandra es la guía de un ciego, aquí gran personaje representado por Juan Gea, que complementa el rol de las profecías que nadie cree, quizá ni escucha. Otro personaje con gran protagonismo es el Aya, (Natalia Jara).

Añado que esta Electra (Carolina Lapausa) tiene un cierto tinte lorquiano, incluso en alguno de los cantes de Casandra. Ese melodrama en un cortijo, con esas mujeres sobrias, enlutadas, a excepción de Clitemnestra, (Alejandra Torray) muy histriónica como corresponde a su rol de madre herida que busca venganza, y esa aya que recuerda tanto a la Poncia en su actuación como la voz del pueblo, y la ambientación en general, recuerdan mucho a otros ambientes lorquianos en cortijo o casa rica.

Un acierto en todo, esta fusión del melodrama mitológico en el melodrama real  de unos personajes que reconocemos como reales. Venganzas como esta y otras parecidas  suceden cada poco tiempo y las leemos en la prensa diaria. Sentimientos profundos de amor – odio, adulterio, venganza, asesinato, fueron en la antigua Grecia mitos basados en realidades o leyendas, y ahora realidad sin mito.

Unas líneas para el cuerpo de baile y su vestuario diseñado para complementar lo que sucede en la escena, o mejor en las diversas escenas. El baile añade énfasis a lo que viven y narran los actores, en una acción coreográfica precisa, bella y necesaria dirigida por Manuel Segovia.

Un espectáculo complejo y difícil, coordinado como teatro total en todos sus ámbitos, con un resultado sumamente realista.


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