RANCAPINO, LA GRANDEZA DE LA HUMILDAD

TERESA FERNANDEZ HERRERA

La segunda edición de la Bienal Jerez, Cádiz y los Puertos, que tendrá lugar del 6 al 29 de agosto en siete ciudades, Jerez de la Frontera, Algeciras, Chiclana, El Puerto de Santa María, San Fernando, Sanlúcar y Cádiz, está dedicada a Alonso Núñez Núñez, Rancapino,  de Chiclana de la Frontera, hoy por hoy el mayor referente no solo de los cantes de Cádiz y los Puertos, sino también del devenir histórico – social en España de los últimos setenta y cinco años.

ALONSO NUÑEZ RANCAPINO

Gitano por los cuatro costados, quizá este hecho añadiese un poco más de carencias a su infancia, aunque los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado fueron difíciles para las enormes capas de pobreza de un país devastado por una guerra y por el aislamiento político consecuencia de otra. Un país de cartillas de racionamiento, colas para todo, escuelas precarias, sin seguridad social, represalias políticas con destituciones, cárcel, torturas y fusilamientos.

El caso es que el pequeño Alonso supo de fatiguitas, como dicen los flamencos, desde que nació, supo de pasar hambre, de andar descalzo y desnudo, de hacer trabajillos para poder comer algo desde que no levantaba ni un palmo del suelo. También supo desde muy niño que las mujeres se quedaban en casa y si cantaban lo hacían en las reuniones familiares. Eso lo supo de su abuela Antonia García Moreno, La Obispa, quizá su primera inspiradora del cante; supo de cantar para señoritos por una limosna o en los trasnoches de fiestas privadas por una miseria. También tuvo como escuela a su padre,  Manuel Orillito, hijo de El Orillo. Flamenco fogueado en las estrecheces más radicales.

Luego vinieron las ventas, en su caso la Venta de Vargas de San Fernando, donde empezó a cantar con su primo y amigo del alma José Monge, Camarón de la Isla para gente pudiente, para ganar algún dinerillo, nunca garantizado. Las andanzas del rubio de San Fernando y el moreno de Chiclana, hijos de madres hermanas, en los tiempos anteriores incluso al inicio de sus carreras, podrían inscribirse en algo parecido a una novela de Dickens a la española, o a la andaluza gitana de los Puertos.

Despacio, muy despacito, como él dice que hay que cantar, tocar, torear y hacer el amor, fue haciéndose este cantaor de voz ronca y rajada, maestro de pureza y compás. Podría decirse, emulando a Antonio Machado que se hizo camino al andar, verso a verso, golpe a golpe de la vida. Pero ahí estaba el aje que caracteriza e identifica a todos los gitanos, reírse de sí mismos en las adversidades de la vida y encontrar en ellas la alegría de vivir, que Rancapino refleja como nadie en sus cantes festeros, porque además así son los cantes de Cádiz.

Con treinta y dos años ganó el Premio Enrique El Mellizo en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Después y como en una vuelta a los orígenes de los gitanos en España, inició un nomadismo errante por países y continentes, dejando por todas partes la huella de su cante de dulzuras, dramas y fiestas, de tonás y martinetes, seguiriyas, soleares, bulerías, tientos, tangos, zambras  y alegrías con su delicada pureza y esa singularidad que le ha hecho único.

Despacio, despacito, a los cincuenta años le llegó el reconocimiento y el sitio que le correspondía. Viajó a Japón, la segunda potencia flamenca en el mundo después de España, y allí armó una revolución que se tradujo en muchos más viajes, hasta convertirse en el artista flamenco que más ha pisado el país del Sol Naciente.

Su discografía es escasa. Dos discos, acompañado por la guitarra de Paco Cepero, guitarra de culto del barrio de San Miguel de Jerez de la Frontera. Letras de amor a la tierra por alegrías, de amor y desamor por tangos y soleares, de devoción mariana por tientos de Cádiz, de ansias de libertad por fandangos, de desolación por mineras, de enfermedad y muerte por seguiriyas gitanas.

Por alegrías.

Cái, cuna de la gracia

Desde tiempo inmemorial,

Cái, cuna de la gracia,

No es pasión de gaditano

Es la pura realidad

Por tangos:

¿Cómo quieres que te quiera

Si eres hija de una paya

Y yo de una canastera?

Por tientos de Cádiz.

La tienes que venerar

Ya te he dicho que a mi mare

La tienes que venerar

Como a la Virgen del Carmen

Que está puesta en el altar.

Las famosas soleares:

Maldigo la hora

Que puse mis ojos en ti

Me debía de haber muerto

Cuando yo te conocí.

Por fandangos,

Si no me ocupo de naide

Por qué se ocupan de mí

Si no me ocupo de naide

Que me dejen vivir

A mi manera y a mi aire

Que es como yo soy feliz

Por mineras.

Bajé de nuevo a la mina

Y me tuve que salir

Bajé de nuevo a la mina.

Yo ya no puedo resistir

El aire que allí se respìra

Y ahora que va a ser de mí.

Seguiriyas gitanas.

Contemplarme a mi mare

Que no llore más

Que loco muero

Que muero loco

Enfermito en el hospital.

Contemplarme a mi mare

Que no llore más.

Siempre acompañado por la guitarra del mítico Paco Cepero, que también estará en la II Bienal de Jerez, Cádiz y los Puertos.

El más grande de Chiclana de la Frontera, fiel a las raíces de la tierra y su familia; una grandeza construida desde la humildad, la voz,  la vocación heredada, el trabajo, la constancia y la paciencia; desde los tiempos difíciles a los del bienestar creado verso a verso, cante a cante, del que han disfrutado sus hijos desde la infancia, como nos decía no hace mucho su hijo Rancapino Chico, continuador de su padre desde su también singular personalidad.

Alonso Núñez Rancapino y Teresa Fernandez HerreraCongreso “Camarón 25 años de leyenda “. San Fernando, 2017.

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