La aventura del Tango: LA VAS DE ELEGANTE

-Pero, andá… ¡chiqué!

Ricardo Luis Brignolo,

La expresión, hasta entonces para él desconocida, la escuchó Ricardo Luis Brignolo, bandoneonista, pianista y compositor (Buenos Aires 7 de marzo de 1892 – 27 de marzo de 1954), en el cabaré de bailarinas “Olla Popular”, de la calle Sarmiento, donde habían recalado algunas jovencitas francesas. Ante su inmediata curiosidad, la mujer le hizo saber que “chiqué” era una expresión del argot de su país que significaba “no te mandes la parte”, “no hagas tanta parada” o “no la vayas de elegante”. Al músico le gustó como título para un tango del que tenía hecha parte de la melodía.

Brignolo era un “orejero”, es decir tocaba de oído. Por eso hay quienes han afirmado que la partitura la arreglaron dos de sus amigos, Juan Carlos Cobián y “El alemán Fritz”, un violoncelista cuyo nombre real nunca se conoció, añadiéndole unos finos contra cantos que le dieron a la obra su toque definitivo.

-Yo había volcado en la pieza un fantaseo que me parecía de muchas ínfulas –confesó Brignolo-. Para un bailable era demasiado, sonaba bien pero muy pretensioso. Y para curarme en salud, lo titulé Chiqué.

Lo cierto es que Chiqué, hijo tardío de la Guardia Vieja, se convirtió en un clásico y hasta hoy se disfruta especialmente para bailar –hay una versión extraordinaria de Osvaldo Pugliese que usan casi todas las parejas- y para deleitarse con su música que, pese a su origen, revela misteriosamente detalles exquisitos de los que darían forma más tarde a la primera gran evolución del tango. Curiosamente, Brignolo lo registró primero bajo un seudónimo, “Ricardo C. de León” y, aunque luego incorporó su verdadero nombre, permitió que el poeta Juan Carlos Fernández Díaz le incorporara una letra; no obstante, prevaleció la melodía en las grabaciones y sólo se recuerda una excepción, la de Ignacio Corsini en 1928. Hubo otra curiosidad: en un segundo registro en SADAIC, el autor le agregó un subtítulo que quedó como una indirecta: “El elegante”.

La historia del tango no ha sido justa con Ricardo Luis Brignolo –a quien se conoció por dos apodos, “Corazón de león” y “La nena”, éste nunca bien explicado, quizás para bien de su portador- pues la mayoría de los entendidos lo despreciaron; Horacio Ferrer, por ejemplo, sentenció: “Todos sus conjuntos, incluso aquellos que dirigió en torno a  1940, se ajustaron a un estilo interpretativo de concepción extremadamente  elemental y desprovista de todo atractivo musical”.

A mí, modestamente, me parece una desproporción, sobre todo si se considera la larga ruta caminada por el autor de Chiqué y su capacidad de compositor.

Brignolo tuvo una infancia y adolescencia duras, debiendo trabajar desde niño por una enfermedad que incapacitó a su padre. Recién a los dieciocho años, tocando de oído, recorrió modestos cafetines de barrio cobrando “al platito”; en uno de ellos oyó al eximio bandoneonista Genaro “Tano” Spósito” y quedó extasiado, al punto de insistirle para que le enseñara los secretos del instrumento. Spósito, que no tenía alumnos, aceptó porque le tomó afecto al pibe; eso sí, fue claro con él: “Primero, mejorar el oído y la intuición; luego te arreglás con la teoría musical y el solfeo”.

La trayectoria de Brignolo, a partir de ahí, fue muy extensa y rica: estuvo con el grupo de Samuel Castriota; con la orquesta de ocho bandoneonistas que armó Julio de Caro para los carnavales del Pabellón de las Rosas; en 1923 formó su propia agrupación con Pedro Maffia, Eduardo Armani, Lorenzo Oliveri y José María Rizzutti; un año después tocó con Francisco Lomuto, con el quinteto de Roberto Goyeneche y volvió con Lomuto para inaugurar Radio París. Poco más tarde lo contrató el sello Brunswick y grabó instrumentales y algunos temas cantados por Agustín Magaldi.

Es verdad que promediando la década de 1940 fue superado por los más jóvenes y se le olvidó, pero atrás dejó un sólido legado: El alazán, Aquel muchacho morocho, Caridad, Cantor, Bacán fulero, Por seguidora y por fiel, Mucho cariño, Para mis amigos, Salí de la luz, Rulitos, Íntimas y Chiqué.

Cerró su vida con una paradoja, logrando un encendido elogio por haber compuesto la letra, no la música, de un tema inmortal, Íntimas: el historiador Hugo Gregoretti dijo: “Consiguió que uno de sus versos llegue a nuestro lenguaje cuando dice ‘un vacío imposible de llenar…’, frase con la que da fin a cada una de las tres partes en que elaboró la historia”.

Pero, para “la popular” y hasta hoy, Brignolo es sólo Chiqué, “El elegante”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .