LA AVENTURA DEL TANGO: DEL BUCEO AL MUNDO

Antonio Pippo Pedragosa
Columnista

-Acá hay algo extraño. Hace poco un tipo me dijo que yo era una leyenda. ¡La leyenda es cuando uno murió! Louis Amstrong es una leyenda, Sinatra, yo que sé. Pero a la hora de tocar acá nadie se interesa. Yo he presentado proyectos en Montevideo para algún concierto bien hecho y han rebotado.

Luis di Matteo vive en Montevideo, en el Buceo, pero toca en Europa. Hace treinta años que sale de gira por Alemania, Finlandia, Rusia, Francia y otros países. En su trabajo conviven la música clásica, el tango, el candombe y la milonga. Nació el 10 de mayo de 1934, aquí, parte de una familia de inmigrantes italianos. Su padre era zapatero, criado en las cercanías de Salerno, y cuando arribó a estas costas, en 1923, aprendió a tocar el bandoneón estudiando los tangos de moda. Al cumplir Luis diez años le puso ese bandoneón en las rodillas y le dio algunas lecciones de teoría de música: el chiquilín, después de un año, tocaba algunos clásicos; el primero fue Sentimiento gaucho. Como su hermana Genoveva había aprendido canto, el padre y ambos hijos formaron el Trío Azul, actuando en cafés, fiestas familiares y tablados del carnaval montevideano con un repertorio de tangos muy conocidos, valses y milongas.

Pero la música había enamorado a Luis, que quería emprender vuelo propio; lo hizo muy pronto. Estudió piano, adaptó notas al bandoneón y luego incorporó, escuchando a Mozart, Beethoven y Chopin, escalas, arpegios y una elegante técnica para el uso de ambas manos.

Su carrera profesional se inició en 1955 por dos encuentros clave. El primero con César Zagnoli, que lo contrató para su orquesta y con quien pudo recorrer  hasta 1963, año de la separación, los mejores escenarios del Río de la Plata y grabar dos larga duración y varios simples. El segundo encuentro fue con Piazzolla, cuando éste volvía de París; hizo una escala en Montevideo, donde fue recibido por integrantes del renovador grupo Joventango, que di Matteo integraba. Astor tuvo oportunidad de escucharlo y quedó impresionado, al punto que años después lo invitó a integrar un sexteto con dos bandoneones que, lamentablemente, tuvo brevísima duración pues Piazzolla murió al poco tiempo. Pero todos recuerdan cuando el autor de Adiós, Nonino le dijo al diario El País:

-Me gusta mucho di Matteo… Uno tiene que ser uno mismo para crear y por eso considero a Luis el músico más importante del Uruguay.

Luis ya había formado su propio trío, grabado con el legendario El Club de la Guardia Nueva –incluyendo su tema A sugerencia del Club– y tocado en el mítico Caño 14 de Buenos Aires junto al pianista Héctor Stamponi.

¿Y el aterrizaje en Europa? El impagable recuerdo le pertenece.

-Hay una pequeña historia que siempre cuento. En 1982 vino a verme Germán Prentky, violoncelista que estaba estudiando en Alemania y me ofreció llevar material mío para allá, “a ver qué pasa”. Yo ya estaba haciendo fusiones e incorporando instrumentos que iban más allá del tango, como oboe, batería, bajo eléctrico y otros. Al poco tiempo me conectó con alumnos de la academia de Detmold, una de las mejores escuelas de música, y me organizaron para el año siguiente ocho conciertos. Desde entonces no he parado y tengo siete discos editados en Europa. Viajo mucho y, aunque siempre vuelvo, trabajo básicamente allá. Acá sigue muy brava la cosa.

Entre los logros de di Matteo, en una sintética y por tanto incompleta lista, hay que incluir la música para la película sueca Los dueños del silencio, grabaciones con la Sinfónica de Uljanowsk, la ciudad rusa donde nació Lenin, treinta y seis conciertos en Alemania, Austria y Finlandia y presentaciones como bandoneonista solista y junto a un quinteto de cuerdas recorriendo una docena de países. Entre sus grabaciones admiradas en Europa figuran Iceberg, No está todo perdido, Concierto para contrabajo y orquesta de cuerdas, Estudio para tres, Tangos en blue jeans, Monologando, Rumbo al cenit, Latitud 55, Proceso y Siempre hay algo nuevo.

-¿Montevideo? Y… sigo intentando. Pero me da bronca porque la gente no… no te acompaña. Fijate lo que se está escuchando, es una vergüenza. ¿Y quién lo canta? Los niños. Cuando tengan treinta años no les va a importar la música. Me da bronca y me siento impotente. ¿En los 70? ¡No, era mucho mejor! Tenías que saber tocar. Ahora los viejos que no se murieron se fueron del país. El nivel bajó… Bueno, cuanto más sencillo mejor ¿no? La gente no quiere pensar y la cultura musical hace pensar.   

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