
La XXI Suma Flamenca 2026 dio comienzo el 13 de octubre en la Sala Verde de los Teatros del Canal de Madrid con un estreno soberano. “El Dorado”, la obra más personal del genio sevillano de la danza, Israel Galván.
En mi libro de 2021, “FLAMENCOS Conversaciones con artistas” titulé su conversación “Israel Galván: Él”. No encontré otra definición mejor ni más descriptiva del carácter único de su arte.
El Dorado: ¿Cómo se puede describir con palabras lo indescriptible?
Hoy, años después, después de ver “El Dorado”, un homenaje a su madre la bailaora Eugenia de los Reyes en particular, y a toda la saga de artistas gitanos de Sevilla de la familia de los Reyes en general, para la descripción que intento que sea el título, solo encuentro “más que nunca Él”.
“El Dorado” título en homenaje a la Sociedad Flamenca El Dorado de Barcelona.
Pero intentemos describir qué es El Dorado.
Un escenario casi vacío, a excepción de dos sillas y un pequeño cuadrilátero de cinco lados blanco. Una iluminación que comparte protagonismo con lo que sucede en escena, un diseño ejemplo de la sabiduría profesional de Benito Jiménez. Tres artistas que en todo momento llenan el amplio espacio escénico.
Israel Galván, coreógrafo y bailaor.
Los Mellis el compás más artístico.
Una obra más que para ver, para escuchar. Esta vez entendí y admiré porqué a veces la luz intensamente negra cubría por completo al bailaor. Para escuchar el baile. Sí, es la primera vez en tantos años de reseñar coreografías de danza que escribo esto: Escuchar el baile.
El Dorado es una obra maestra para la escucha de percusiones de ritmos que constituyen una historia del baile flamenco. Porque no solo Israel Galván, también Los Mellis de Huelva, Antonio y Manuel Montes Saavedra, que por algo son el mayor referente mundial de todas las percusiones, palmas, puños, cajón, timbales, concertistas de la percusión que podrían llenar teatros en conciertos solistas, aquí coprotagonistas en producción de ritmos con el bailaor. También cantaron, que también podrían actuar si quisieran como cantaores, pero ellos son unos investigadores enamorados de los ritmos flamencos.
Porque en resumen eso es El Dorado nada más y nada menos que la exposición de una investigación total de los sonidos primigenios del flamenco a cargo de tres genios: Israel Galván y Los Mellis.
Como siempre vestidos de negro. Israel de espaldas caballero de levita y por delante minifaldera de cuero. Medias negras transparentes hasta debajo de la rodilla o calcetines de ejecutivo. Hasta los zapatos son de diseño particularizado para escuchar el baile. Escuchar el baile, no me canso de repetirlo, como un niño cuando descubre algo nuevo.
Entre todos los palos del flamenco el bolero Toda una vida cantado y percusionado por los tres en escena. Y para rematar una cortísima hora y cuarto de arte total, distinto, único, el guiño a Lorca con los versos de La Leyenda del Tiempo ya integrados en mis oídos desde hace años:
El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño
Con la música del recientemente fallecido Ricardo Pachón, con arreglos de Tomatito para Camarón de la Isla.
El aforo completo de la Sala Verde de los Teatros del Canal en pie y aplauso unánime rendido al genio en una inauguración de ensueño de la XXI edición del Festival Suma Flamenca de Madrid.
Casi lloro de emoción.
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