CULTURAL: ¿Predijo Julio Verne la erupción del volcán Krakatoa?

PEPE SÁNCHEZ
Periodista

El 27 de agosto de 1993, se produce la erupción del volcán en la Isla de Krakatoa, considerado el peor desastre natural en la historia de la humanidad.
El sonido del estallido fue tan brutal que se escuchó en un sitio tan distante del hecho como Australia, a 3.500 kilómetros de distancia y en Madagascar. En términos geológicos, esta fue una erupción muy grande. Probablemente la segunda o tercera más grande de los últimos 250 años”, señaló el profesor de Vulcanología de la Universidad de Oxford David Pyle en entrevista en la BBC Mundo.

Se calcula que la energía que liberó fue equivalente a la producida por el estallido conjunto de 7000 bombas atómicas de Hiroshima (200 megatones),según señala la publicación. El interrogante que muchos se formulan, acerca de qué circunstancias habrían provocado una explosión de semejante magnitud, lo resuelve a la BBC, en su portal  https://www.bbc.com/mundo el  18 agosto 2018. en una entrevista con Jenni Barclay, profesora de Vulcanología de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, al programa de radio la BBC The Genius of Accidents. Para empezar, hubo dos factores que la hicieron especial- dice la experta -La erupción del Krakatoa soltó una enorme cantidad de magma a la superficie en un periodo de tiempo muy corto de tiempo. Y la otra cosa que la hizo particularmente explosiva fue que el agua se metió en su sistema y una vez que esto pasa, se convierte en vapor y la inmensa cantidad de energía extra que esto crea provoca que todo el sistema estalle. El resultado fue que el volcán concentró tanta energía que expulsó su carga por todo lo alto- añadió 

¿Sería eso entonces lo que diez años antes había señalado el novelista francés Julio Verne en su novela La Isla Misteriosa, publicada en enero de 1874? En esa novela, Verne cuenta que cuatro viajeros que se movilizaban en un globo, el ingeniero Cyrus Smith, el periodista Gedeon Spillet, el marinero Pencroff y el esclavonegro, ya liberado Nab, fueron arrastrados por una ola de viento incontrolable hacia una isla, que en la obra es denominada La Isla Misteriosa (después Lincoln, en honor al presidente de Estados Unidos). Estos personajes se ven obligados a hacer de la isla su nuevo hogar, y bien pronto descubren que las posibilidades de este sitio son casi infinitas. Abundante agua potable, terreno fértil que favorece los cultivos y un clima agradabilísimo, que ayuda mucho a la caza, la pesca y la siembra. Felices en su entorno, sin embargo, muy pronto se ven sorprendidos de manera desagradable, por una noticia terrible que le entrega un extraño personaje  de las obras de Verne, el capitán Nemo al ingeniero Cyrus Smith. Esta es la descripción que hace Julio Verne en su libro acerca de la información recibida.

Al día siguiente, 8 de enero, por la mañana, después de un día y una noche pasados en la dehesa y de haber atendido a los animales, Cyrus Smith y Ayrton entraron en el Granite House. Inmediatamente el ingeniero reunió a sus compañeros y les participó que la isla Lincoln corría un peligro que ningún poder humano sería capaz de conjurar.

-Amigos míos -dijo, y su voz revelaba emoción profunda– la isla Lincoln no es de las que deben durar tanto como el globo. Está condenada a una destrucción más o menos próxima, cuya causa reside en ella misma; destrucción a la cual nadie puede sustraerla. Los colonos se miraron mutuamente y miraron al ingeniero. No podían comprenderle. -Explíquese, Cyrus –dijo Gideon Spilett.-Voy a explicarme –contestó Cyrus Smith– o mejor dicho, no haré más que transmitirles la explicación que durante los pocos minutos de conversación secreta me dio el capitán Nemo.
-¡El capitán Nemo! –exclamaron los colonos.
-¡Sí, el último servicio que quiso hacernos antes de morir! -¡El último servicio! -exclamó Pencroff-, ¡el último servicio! Ya verán como muerto y todo nos va a hacer todavía otro. -¿Pero qué dijo el capitán Nemo? –preguntó el periodista. -Sépanlo, amigos míos -prosiguió el ingeniero-. La isla Lincoln no está en las condiciones en que se encuentran las demás del Pacífico y su disposición particular, que me dio a conocer el capitán Nemo, debe producir tarde o temprano la dislocación de su formación submarina. -¡Una dislocación! ¡La isla Lincoln! ¡Bah! -exclamó Pencroff, que, a pesar de todo el respeto que tenía a Cyrus Smith, no pudo menode encogersede hombros.

-Oiga, Pencroff -repuso el ingeniero-, voy a decir lo que había averiguado el capitán Nemo y lo que yo mismo he observado ayer durante la exploración que hice a la cripta de Dakkar. Esa cripta se prolonga bajo la isla hasta el volcán y no está separada de la chimenea central más que por la pared del fondo. Ahora bien, esa pared está surcada de hendiduras que dejan pasar los gases sulfurosos que se desarrollan en el interior del volcán. 

-¿Y qué? -preguntó Pencroff, cuyo ceño se frunció violentamente -Que he visto que esas hendiduras se ensanchan bajo la presión interior; que la muralla de basalto se resquebraja poco a poco y que dentro de un tiempo más o menos breve dará paso a las aguas del mar de que está llena la caverna.  -¡Bueno! -replicó Pencroff, que trató todavía de decir una chanza-. El mar apagará el volcán y todo habrá concluido. -Sí, todo habrá concluido -dijo Cyrus Smith-. El día en que el mar se precipite a través de la pared y penetre en la chimenea central hasta las entrañas de la isla donde hierven las materias eruptivas, ese día, Pencroff, la isla Lincoln saltará por el aire como saltaría Sicilia si el Mediterráneo se precipitara en el Etna. 

Los colonos no contestaron a esta frase afirmativa del ingeniero. Habían comprendido el peligro que les amenazaba. Además, Cyrus Smith no exageraba de modo alguno. Muchos han tenido la idea de que podrían extinguirse los volcanes, levantados casi todos a orillas del mar o de los lagos, abriendo paso a las aguas, pero ignoraban que de esa manera se habrían expuesto a hacer saltar una parte del globo como una caldera, cuyo vapor adquiere una súbita tensión o un aumento inmediato de fuego.  El agua, precipitándose en un recinto cerrado cuya temperatura puede calcularse en millares de grados, se evapora con tan repentina energía, que no habría corteza terrestre que pudiera resistirla. No había duda que la isla, amenazada de una dislocación espantosa y próxima, no duraría lo que durase la parte de la cripta de Dakkar. 

La verdad es que parece que Julio Verne, aunque la historia no lo dice, debía poseer notables conocimientos de vulcanología y de erupciones freáticas. No de otro modo, podía haberse anticipado con tal certidumbre a la tragedia

A continuación el relato a pie de página de este pasaje tan interesante….

Fuente: Pepecomenta https://pepecomenta.com/

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