Cante y toque: María Terremoto y Daniel Casares

TERESA FERNANDEZ HERRERA
Prensa Especializada

Seguimos en el Festival de Jerez.

María Terremoto.

Presentó su útimo trabajo discográfico “Un siglo de cante” en la bodega Los Apóstoles de González Byass, en un trasnoche del ciclo “De la raíz”.

Y como ella dijo: “Vivo en Sevilla pero soy de Jerez. Cantar en mi tierra es lo más especial para mí”.

©Tamara Pastora/Festival de Jerez

Fue especial y podría haberlo sido mucho más si hubiera funcionado un sonido aceptable. Cierto, la bodega Los Apóstoles no es una sala de conciertos, puede que no reúna las condiciones acústicas idóneas. Pero para eso están los técnicos de sonido, que en este caso no existieron, Como decía una conocida periodista francesa al final del concierto, “tengo acúfenos”.

Vengo siguiendo a María desde que tenía diecisiete años. Ahora tiene veintidós. Ha trabajado mucho y para bien desde entonces. Ha aprendido a respirar, a matizar sus registros vocales, ha madurado su voz. En cuanto a saber estar en escena el cambio, para mejor, es enorme. Se ve que está muy bien asesorada. Aquella María con ondas y flores en el pelo, mantón sobre el vestido, siempre sentada, ha dado paso a una María que se mueve con soltura en escena, comunica con mucho arte con pasos de baile, es maestra con brazos y manos, se viste con modelazos personalizados de pasarela de moda flamenca que muestran su precioso escote, que se pegan a su cuerpo como un guante. María ha crecido mucho, nos preguntamos cómo será María Terremoto dentro de pocos años.

Ella es un siglo de cante que se remonta a su abuelo Terremoto de Jerez, a su padre Fernando Terremoto, a Juanito Mojama también ancestro familiar y a las que no se mencionan, las mujeres que no cantaron profesionalmente porque estaba mal visto, para eso estaban los maridos guardianes de su virtud.

Ella afortunadamente es de este tiempo y canta como se canta en este tiempo las creaciones de sus predecesores, por soleá, por seguiriya, por tangos, por fandangos y bulerías. Hasta se marcó el tango “Cambalache”, que también va rondando el siglo, creado en 1934 por Discépolo. Ella no es porteña, lo aflamenca, lo borda. La letra sigue tan vigente como entonces y puede que tenga que ver con el recuerdo de María a lo que sucede en Ucrania, “cosas muy feas”.

Con su invitado, Diego Carrasco  emocionaron al límite con el recitado y cante en recuerdo de la muerte demasiado temprana de Fernando Terremoto, cuando María era una niña de menos de diez años. Carrasco por haberlo vivido, María porque siempre lo tiene presente.

Daniel Casares: Guitarrísimo.

©Javier Fergo

28 de febrero, sala Compañía, concierto de guitarra de Daniel Casares, Guitarrísimo.

Estoy en Jerez este 28 de febrero, para escuchar de nuevo este concierto que he vivido desde su gestación en tiempos de confinamiento, que Daniel fue comunicando durante semanas en formato virtual. Estos primeros temas fueron las bulerías Capote de seda, para aportar esperanza a través de la música. Trasmallo, para aprender a tocar por alegrías en tiempo de pandemia y Suspiro al cielo, una fantasía melódica dedicada a la soledad de los que se fueron sin despedida. Esto sucedió entre marzo y mayo de 2020. Luego siguió componiendo en su encierro de Estepona hasta completar las ocho piezas de Guitarrísimo en el otoño de 2020.

Para mí, su gran estreno fue en la Bienal de Sevilla 2020, en un trasnoche en el patio del Alcázar. Allí escuchamos por primera vez  la soleá dedicada al maestro Miguel Évora, hermano de Manolo Sanlúcar; la taranta por bulerías Mi refugio y una guajira. Entonces dije que fue una experiencia casi mística.

El lunes 28 de febrero en Jerez, volvimos a escuchar estas y otras músicas y volvió a dejar testimonio de su virtuosismo, de su calidad, de su cercanía con el público, de su enorme simpatía. Estaba anunciado que le acompañarían a las palmas Diego Montoya y Dani Bonilla. Por lo menos para mí fue una maravillosa sorpresa cuando apareció en escena como invitado de lujo Jorge Pardo para conversar con su flauta con la guitarra de Casares. Y esto no era todo, porque más tarde apareció en escena la gran Lela Soto, que cada vez canta mejor.

Casares sabe comunicar con su público durante sus conciertos entre pieza y pieza. Volvió a decir, que la guitarra flamenca de concierto tiene más aprecio fuera de España, que aquí hay quien piensa que la guitarra en concierto aburre, ¡la guitarra, uno de los tres pilares del flamenco, sin cuya presencia no se entendería el flamenco! No fue el caso de Jerez, donde recibió el aplauso unánime tras cada toque, tras cada interacción con el público y apoteósico al final del concierto.

Guitarrísimo es el octavo trabajo del guitarrista malagueño, sin duda el más intimista y personal de su trayectoria. Son composiciones desprovistas de los arreglos y adornos instrumentales que estuvieron en sus trabajos anteriores. Es su regreso al origen, a los compases de su niñez. Es su trabajo más maduro, en el que por primera vez muestra su música más desnuda, con las concesiones que exige el lugar de cada concierto. De ahí la presencia no anunciada de sus invitados de lujo, en honor a Jerez.

Dijo Casares: “La cultura y el arte son el mejor bálsamo para un país herido”.

Herido por la pandemia, herido por la aparentemente lejana masacre de Ucrania.

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