LA AVENTURA DEL TANGO: UNA MUJER A SU AIRE

ANTONIO PIPPO PEDRRAGOSA Columnista

Aquí ha habido una especial idolatría por Discépolo y es un error. Se ha dicho de él que era el Schopenhauer del tango, pero no por el genio sino por el pesimismo. Ese fue su error. Quien sí era un apóstol era Almafuerte, un verdadero poeta. También Navarrine y Manzi, que se han acercado a lo nuestro, allí está, por ejemplo, un tema como Gajito de cedrón…

Sólo con esta frase basta para encontrar a una personalidad de fuerte talante, a su aire, de ésas que no se molestan en ir contra lo establecido ni el pensamiento de la mayoría obstaculiza su ejercicio de pensamiento crítico.

Todo un carácter.

María Luisa Carnelli

Y fue el de una mujer, a quien la historia del tango no ignora pero tampoco recoge con el valor que tuvo. María Luisa Carnelli –poetisa, ensayista, periodista y hasta corresponsal de guerra- nació en La Plata el 31 de enero de 1898, una de los diez hijos de Enrique Carnelli y Julia Serna, matrimonio burgués. Desde niña reveló su rebeldía, instando a sus hermanos a escuchar a escondidas el tango, música que sus padres consideraban prostibularia y repudiable. Quitaba la bocina al gramófono y lograba que se oyera el tema directamente por el roce de la púa.

Al crecer, María Luisa se mostró cada vez más independiente y transgresora: apenas terminado el Colegio Secundario se casó contra la voluntad de sus padres con un hombre mayor, tuvo un único hijo y se divorció a los pocos años. Se radicó en Buenos Aires y vivió como periodista, mientras crecían sus aspiraciones literarias y se afilió al Partido Comunista y a la incipiente corriente feminista, impulsada por quien la apoyaría siempre y que fue el gran amor de su vida: Enrique González Tuñón, otro periodista, hermano de Raúl, el poeta. Luego de intensas experiencias que la llevaron a cubrir la Guerra Civil Española para varias revistas argentinas, se dedicó a la poesía. Siendo fieles a la verdad en un estricto sentido cronológico, hay que decir que ya antes, cuando tenía veinticuatro años, había publicado sus dos primeros libros de poemas, Versos de mujer y Rama frágil. Recién cuatro años después, publicaría el que ha sido considerado su mayor éxito: Poemas para la ventana del pobre.

Su relación con el tango fue una sucesión de circunstancias inesperadas. Julio De Caro, allá por 1928, había compuesto la música de El Malevo y quería que el propio homenajeado –Carlos Muñoz y Pérez, “El malevo” Muñoz, que pasó a la posteridad como Carlos de la Púa- le escribiera la letra. Pero de la Púa jamás escribió una letra de tango y le pasó la responsabilidad a su amigo, Enrique González Tuñón, quien, a su vez, empujó a su compañera a iniciarse en la poesía del tango. Lo curioso es que todo se hizo a espaldas de Julio De Caro y éste, cuando registró el tema, adjudicó la letra a Carlos Muñoz. No fue la única curiosidad: María Luisa Carnelli firmó su autoría con el seudónimo masculino de Mario Castro, el que usaría a lo largo de su extensa carrera junto al de Luis Mario.

María Luisa, la transgresora, la independiente, la abanderada de causas populares jamás quiso, sin embargo, faltar el respeto de su padre. Hasta que éste murió y aún después, jamás firmó un tango con su verdadero nombre.

Escribí lo que quise, viajé por más de veinte países, conocí la crueldad de la guerra y una vez que entré en el tango nunca lo abandoné, ni siquiera cuando murió mi querido Enrique en 1943. Las letras de tango sobreviven más. Con Cuando llora la milonga, que hice con Filiberto, gané más que publicando ocho libros.

Una lista muy reducida de títulos pinta la calidad poética que esta mujer entregó al tango: Se va la vida, Primera agua, Moulin Rouge, Linyera, Pa’l cambalache, Avellaneda, El taura, Tango de la guardia, Siempreviva, Apaga la luz, Dos lunares, milongas como La mula, habaneras como ¿Desde qué estrella me miras?, estilos como Al caer la tarde y zambas como Azul cielo.

Su carácter y sus ideas dieron a su vida un ajetreo poco común. Con Filiberto se peleó, sin lugar a reconciliación, porque le cambió una palabra de la última línea de un verso de Cuando llora la milonga. Y en la época de Perón debió exiliarse en México y volvió muchos años después.

Poco antes del final, dijo, fiel a sus impulsos a contracorriente: –El tango de ahora no me gusta. Hay mucha técnica, muchas orquestaciones, pero le han quitado la esencia rioplatense, el origen. El tango me gusta hasta la década de 1940, por la fuerza exultante que mantiene. Después, no.

María Luisa Carnelli murió en Buenos Aires, ya sin notoriedad, el 4 de mayo de 1987.

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