Flamenco on Fire. Tarde en el triángulo mágico

Teresa Fernandez Herrera Prensa Especializada

Apenas llego a Pamplona el viernes 27 de agosto, ya tengo el primer reencuentro con el triángulo mágico Lebrija – Jerez – Utrera. En el patio del Palacio del Condestable, el flamenco más tradicional en la voz de Inés Bacán,  cantaora de ilustre saga lebrijana, acompañada por la guitarra de Antonio Moya, un hijo de la emigración andaluza en Francia, nacido en la muy flamenca ciudad de Nîmes, residente en Utrera y guitarrista histórico de Pedro Bacán. Y a continuación, en el precioso jardín del Palacio de Ezpeleta, un concierto de lujo: el guitarrista lebrijano Rycardo Moreno y el maestro percusionista jerezano Ané Carrasco.

Inés Bacán y Antonio Moya.

Inés Bacán es una veteranísima cantaora, conservadora de la antigua esencia del cante con matices lebrijanos. Potente voz flamenca y duende en la entraña, hizo un recorrido por el repertorio de palos más clásico, empezando por soleá y terminando por bulerías. Canta y siente hasta el extremo. En algún momento pensé que actuaba, pero no. Siente, sufre y transmite sufrimiento. Se mueve poco, solo las manos, lentas, para enfatizar y dar apoyo emocional a lo que canta.  Es la definición del matiz lebrijano del cante, pausado, recreándose en cada tercio. Es tan intensa, que hace pasar desapercibido a su excelente compañero de guitarra.

Ella lo abarca todo. Canta como si reivindicara su cante y razones no le faltan, porque si bien contó con el apoyo de su hermano para cantar profesionalmente, no pudo hacerlo hasta que enviudó.  Y canta como reivindicando el derecho de todas las mujeres a ejercer profesionalmente en cualquier escenario, no solo en familia. Conserva las esencias en el vestir. De negro, con chaqueta floja  de seda de brillantes colores. Arte puro, del de antes. No hay límite de edad, ni por supuesto de género para mostrar el arte. Todo en ella respira otro tiempo. Todo esto que acabo de decir y quizá me dejo algo en el tintero, está implícito en el cante de Bacán.  Engancha y se come todo lo que la rodea. Algo que no consigue todo el mundo.

Rycardo Moreno y Ané Carrasco en concierto.

Un gran acierto del festival, haber incluido la sede del Palacio de Ezpeleta como escenario de conciertos. Y ¡qué escenario es el jardín, maravilloso! A dos pasos del Condestable, ideal para asistir a ambos conciertos.

Rycardo Moreno es un reconocidísimo guitarrista y compositor flamenco de todas las tendencias. Gitano de bronce, elegante, criollo por herencia de una abuela cubana, reúne un admirable mestizaje que le hace músico de las dos orillas, de la forma más natural del mundo y ambos mundos están integrados en el sello personalísimo de su guitarra. No podía tener mejor compañía que la del jerezano de larga saga artística, Ané Carrasco, maestro en percusiones. Fueron muy cómplices, ambos fueron protagonistas. Improvisando, dijo Rycardo, y nada hay más flamenco que la improvisación, -añadió. Y crearon un concierto para recordar.

“Evocación romaní”, una composición del de Lebrija, temática histórica por guitarra de vanguardia, por no hablar de Ané, bien conocido por todos, por su dominio de cualquier instrumento de percusión que le pongan por delante. Ayer, cajón, bongo y tambor.

Los tangos del Piyayo tuvieron resonancias made in Rycardo Moreno. Como si estuviera pensando en el lema de esta edición de Flamenco on Fire. “¿Qué es el flamenco?”. Sonaron tanto flamenquísimos, como de la orilla atlántica de enfrente, y remató el jerezano dialogando con Moreno con guitarra eléctrica, muy al golpe. El Piyayo nunca se hubiera reconocido en esto, pero le habría encantado. ¡Pero si hasta suena a son cubano!

Parece que Rycardo Moreno ha estado en la Alepo siria devastada por años de guerra y ha compuesto una bulería en reivindicación de los derechos humanos y ‘sobre todo los de esos niños indefensos, pasando por tremendas fatiguitas por cosas que hacen los mayores’. Algunos mayores,  Rycardo, y todos sabemos quienes. Dice que la música no va a ser bonita, que es una bulería dramática, evocadora a ratos del terror que padece esa infancia. Impresionante. Para regresar a nuestro aún cómodo mundo, sigue un solo de percusión de Ané Carrasco. Magistral.

Sigue por seguiriyas, – para reivindicar los derechos humanos de los gitanos-  cantada por la voz en off de Juan Talega. Sube a escena, invitado por Rycardo, el guitarrista cordobés Fernando Vacas con su guitarra eléctrica.

Y ahí, -disculpe maestro- tengo que corregirle, porque los hechos que reivindica, no tuvieron que ver con los Reyes Católicos. Su pragmática de 1499 solo trataba de la supresión de la vida nómada. Isabel murió en 1504 y Fernando en 1517. Lo que reivindica sucedió en tiempos de su nieto, el flamenco Carlos V. ¡Cachis, qué ocurrencia  tuvo Doña Ysabel, de financiar al navegante, geógrafo y astrónomo Cristóbal Colón aquel viajecito por el Atlántico!  

El concierto sigue y finaliza por palos festeros, todo el repertorio, de todas las orillas y orígenes, tanto puede sonar a músicas árabes, que también nos enriquecen y enriquecen el flamenco, como a sones cubanos o fandangos. Testimonio de enriquecimiento mutuo entre ambas orillas.

¡Que viva la música!

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