Festival de Jerez: Dos conceptos, dos memorias

Teresa Fernandez Herrera Prensa Especializada

Por fin en Jerez, en este demorado Festival en el que aún son bien visibles los efectos de la pandemia, llega el esperado “Fandango!” de David Coria y David Lagos. Un hermoso e intenso concepto de la historia e idiosincrasia españolas. Y un día después, la “Memoria viva” de la jerezana María del Mar Moreno, memoria viva del cante de Jerez, desde los patios de vecinos de antaño hasta los tablaos del siglo XX.

Fandango!”

“Fandango!” fue estreno absoluto de la Bienal de París 2020 en el Teatro Nacional de Chaîllot; se estrenó en España en la pasada Bienal de Sevilla donde ganó los Giradillos al mejor espectáculo, al cante y guitarra de acompañamiento y artista revelación Bienal 2020. Y ahora en Jerez.

Que hay un punto de partida en la obra maestra de David Lagos, “Hodierno”, es cierto. Pero este Fandango! tiene la identidad física, hoy por hoy inigualable que le da ese cuerpo atlético, cuidadosamente trabajado de David Coria, con esa danza tan personalizada que la hace única. Y con un cuerpo de baile a su altura: Paula Comitre, Flor Oz, Marta Gálvez y Rafael Ramirez.

El fandango es el hilo conductor en la historia a través del miedo, la muerte, la siesta, la faena, la dominación, la fiera muerta, la memoria y la fiesta, a lo largo de un proyecto que toca las labores de campo,  el sol y la siesta, el machismo incrustado en la piel de toro. No sé en qué momento de la memoria está esa Marcha Real o de Granaderos o Himno Nacional, con saludo falangista incluido en un himno creado musicalmente en el siglo XVIII; seguido del “Pregón del Miedo” que David Lagos canta de forma que penetra hasta el tuétano, conecta con todos los miedos a tiranías de la historia.

El presente musical es heredado de “Hodierno”. El envolvente artomático de Daniel Muñoz, el saxo soprano y tenor de Juan Jiménez, marca situaciones concretas; la guitarra de Alfredo Lagos, que crece en cada nuevo evento musical, limpia, potente en pulsaciones en momentos álgidos.

El fandango siempre asociado a cantes que entran en su concepto: malagueñas, aquí una de Chacón, haciendo historia; una soleá apolá, la seguiriya, mariana por tangos, cantiñas y alegrías y al fnal fandangos de Huelva. El drama y la fiesta tan españoles, con el fandango como fondo de la historia.  

“Fandango!”  puede ser a ratos inquietante, intenso hasta dejarte sin respiración, y luego la fiesta, vivida hasta el fondo. Hay tanta complejidad  en esta historia, que merece verla al menos dos veces, para saborear lo aprehendido e integrar lo intuido. Y disfrutar de ambos. Es casi un milagro musical, esta creación de David Lagos, y una superación más de David Coria, que ya hace tiempo entró en la categoría de bailaor único y coreógrafo a nivel de maestría.

Las fotos de Javier Fergo dicen el resto.

La “Memoria Viva” de María del Mar Moreno.

De lo que yo voy a ver del festival, esta memoria jerezana de María del Mar Moreno está concebida para llevarse el Premio del Público. Todo es Jerez, más Jerez de ayer que de hoy, en los contextos, en el vestuario, en la forma de cantar y bailar.

Su elenco no podía ser más jerezano: Junto a ella al baile, Miguel Angel Heredia, extraordinario, Rocío Carrasco y Manuel Jiménez; al cante Antonio Malena y Dolores Agujetas personifican el antaño del cante; José de los Camarones, Elu de Jerez, El Tolo, Saira Malena y José el Berenjeno, savias de ayer y de hoy; las guitarras de Santiago Moreno y Malena hijo; percusión y palmas, Ale de la Gitanería y Javi Peña.

Creo que empieza por tiempos anteriores a la Piriñaca, vestida de negro del cuello a los pies. Tiempos en que la mujer que cantaba o bailaba solo lo hacía en su patio de vecinos, en las fiestas familiares; tiempos de sumisión total al macho.

Del patio de vecinos pasamos a las ventas; yo quise imaginar la venta de Caparrós, en el camino de Jerez a Lebrija, allí donde se hicieron famosos los bailes de gitanos. Y ahí estuvo Miguel Ángel Heredia cuyo baile va a dar mucho que hablar y si no, al tiempo, bordando una bulería por soleá.

Las bulerías por Rocío Carrasco y Manuel Jiménez, ya están en el universo de las peñas o el tablao primitivo. Y después el gran tablao, con todo el elenco, saliendo a bailar por turnos, con gran jaleo de palmas y cajón en lo festero.

María del Mar se reservó para la seguiriya pionera que da comienzo al espectáculo; bailó por bulería por soleá, vestida de verde oscuro; por tarantos y tientos-tangos; de lunares rojos sobre negro para esa soleá con la que quiso lucirse tras la fiesta en el tablao. Bueno, ella dirige y así lo quiso, pero la verdad es que ya no tocaba, Se hubiera lucido igual en otro momento. Aunque en realidad, el baile de la Moreno es ya archiconocido. Nada nuevo bajo el sol. Lució más el Malena, cantaor de culto.

Dolores Agujetas en el pasado de la fragua, se cantó unos martinetes de los que siguen haciendo época; Saira, presente y futuro del cante se lució en la cartagenera, y Elu de Jerez con la media granaína que no cantan todas las gargantas; Dolores era la cantaora encargada de resucitar a Paco la Luz por su seguiriya y a Manuel Torre su ancestro. Noche de cantaores, tuvo su turno El Tolo por tarantos y bulerías de la Plazuela y José de los Camarones por tarantos y soleá apolá.

Las guitarras en su función de acompañamiento, así como las palmas.

Memoria del ayer, remoto o cercano. Pura historia. Nada nuevo bajo el sol. Pero que nunca falta en este festival.  

Fotografia Javier Fergo.

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