EL PENSADOR: ¡No lo ven venir!

Por Antonio Pippo

No, lector, no hablo de aquello inmediato de lo que habrá que ocuparse después de cada elección: déficit fiscal, inflación, pobreza, régimen impositivo, sistema de previsión social, educación y seguridad, entre otras cuestiones.

Hablo del futuro a más largo plazo, pero no tanto como para que discurra en medio de un cuasi alegre y sin embargo insultante desinterés.

Y hablo también del tiempo.

Aldous Huxley, a fines de la década de 1950, dejó claro que no hemos desarrollado las potencialidades humanas latentes y que, desde un punto de vista histórico, sólo hicimos más potentes aquellas que era bastante sencillo transformar en nuevos poderes a través de la ciencia y la tecnología. Pero añadió que nuestra organización  biológica no varió desde el Paleolítico Superior y sólo hicimos –hasta que él escribió lo que escribió- más efectivo el mismo equipo natural de hace quince o veinte mil años, lo que demuestra que el hombre puede rendir más sin alterar su biología, aunque ella también se beneficie de los avances técnicos y científicos.

Quiero decir, e insisto a ver si nos entendemos, que desde la sentencia de Huxley hasta hoy –un tiempo brevísimo en el contexto que él plantea el asunto-, cualquier señor o señora que aspire a conducir los destinos de un país como éste no puede dejar fuera de sus preocupaciones un mundo distinto que se viene, de mano de la ciencia y de la técnica, sobre todo de la técnica, a rapidez que impone advertirlo y, cuanto menos, tratar de prepararse para recibirlo.

Por ejemplo, y digo ahora un para mí vigente e interesante aporte del fallecido colega Guillermo Sicardi en el semanario Búsqueda de no hace tanto tiempo: La llamada revolución 4.0, que va a ser mucho más drástica y exponencial que las anteriores revoluciones industriales conocidas (…) Todas las tareas rutinarias de hoy serán sustituidas. La tarea no será eliminada, pero sí el puesto de trabajo del humano que hoy lo hace. No hay vuelta atrás.

No viene al caso ahora exponer detalles sobre la “revolución 4.0” que obviamente tiene que ver con la robótica, entre otras cosas, incluyendo la “domótica”, que implicará la automatización de los hogares. No soy entendido, no dispongo del espacio suficiente para escribir aquí tartamudeando para disfrazarme de especialista y usted, amigo, no apreciaría mi esfuerzo porque tampoco entendería un soberano carajo.

Pero aquellos que se pusieron el traje de eventuales gobernantes, o sea de conductores de la comunidad, sí tienen la obligación de entender el proceso e ir preparando acciones para que no nos voltee o nos haga desaparecer. Advirtió Sicardi: Todo esto, que parece de ciencia ficción, está a la vuelta de la esquina.

Huxley, sesenta años antes, recordó en su tiempo que un anuncio científico sobre un método farmacológico excepcional, descubierto para desarrollar la eficiencia y resistencia mental sin ocasionar en el cuerpo ningún daño apreciable, que pareció destinado a convertirse en realidad décadas más tarde, se hizo verdad al año siguiente.

Vaya antecedente. Cómo para que uno no se preocupe.

Ahora pregunto: ¿hay ciudadanos uruguayos atentos a la verborragia de estos días que hayan escuchado a algún protagonista político de primer nivel siquiera sugerir algo de esto?

¡Para qué pregunto, gigantesco pelotudo, si ya conozco la respuesta!

Nadie, absolutamente ninguno de los candidatos, tiene esto en la cabeza.

Si la ciencia y la tecnología, a la velocidad de la luz a la que funcionan ahora, nos van a imponer un mundo novísimo –con aspectos buenos y malos, tal cual siempre pasa, y ojo que no va a pasar en siglos sino en pocos años-, y no nos preparamos, o sea ni siquiera pensamos qué somos y cómo somos hoy y cuáles son nuestras potencialidades latentes frente a, por ejemplo, y vuelvo a aclararlo: por ejemplo, la “revolución 4.0”, ¿cuál puede ser nuestro futuro?

Si la única pasión que domina a nuestros políticos, además de pelearse entre sí cuantas veces pueden por las boludeces más catedralicias, es el apetito por el poder, y si la rutas al convencimiento de los demás son el palabrerío carnavalesco de siempre, nos va a tapar y arrastrar un tsunami que ríase, lector, de los agujeros que la Intendencia le está haciendo a Montevideo.


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