LA AVENTURA DEL TANGO: CONFESIONES

ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA
Columnista

Los entendidos no dudan: es el tango mejor logrado de Enrique Santos Discépolo.

Ha escrito Manuel Adet que es uno de los temas musicalmente más complejos y más difíciles de cantar.

No obstante, Confesión fue estrenado con clamorosa repercusión el 16 de octubre de 1930 por Tania, compañera de Discepolín, en una revista teatral de la que era protagonista. Un año más tarde lo grabaron Corsini y Gardel, éste acompañado por la orquesta de Canaro; y también fue un éxito, a lo largo del tiempo, en las voces de Ada Falcón, Susy Leiva, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, los uruguayos Julio Sosa y Enrique Campos, Raúl Lavié, Roberto Rufino, Jorge Sobral, el tenor italiano Tito Schippa y gran cantidad de los principales cantantes de tango.

Dejando a un lado a historiadores e investigadores con conocimientos técnicos, la mayoría de quienes gustamos del tango ignoramos –yo podría decir “ignoraba”, porque he abrevado en aquellos- al menos algunos aspectos esenciales de Confesión.

Enrique Santos Discépolo

Es sorprendente lo que se aprende en esta obra no acerca del Discépolo poeta, sino del músico. Aunque en el registro de la partitura figura junto a Luis César Amadori, éste sólo colaboró en la letra.

Dice Sergio Pujol al respecto: -Nunca será un tango de interpretación fácil. Discépolo usó la poco común forma de treinta y ocho compases, en método más próximo al mundo de la ópera que de los arrabales. Musicalmente, presenta una curva melódica que comienza abajo, descendiendo por terceras, y va subiendo de motivo en motivo hasta dejar atrás, en la segunda parte, la octava superior; toda esa sección –que empieza con “!Sol de mi vida…¡”– modula de tono menor a mayor, adquiriendo una intensidad lírica que gana autonomía con respecto al ritmo de las estrofas.

En cuanto a los versos, específicamente, hubo un debate que, al menos para mí, ya fue zanjado. Se llegó a decir que Amadori aparecía como coautor de ellos como pago de su función de promotor y publicista. Nada más injusto; si bien es verdad que nunca se sabrá cuánto aportó a la letra, despreciarlo de ese modo es absurdo: son sus creaciones tangos como Cobardía, Rencor, Madreselva, Portero suba y diga, Alma de bandoneón y Cartas de amor, entre otras.

Según Manuel Adet, “estamos ante la historia mejor contada del repertorio discepoliano”: -¿Ante quién se confiesa el personaje. Habla para sí mismo y si hay confidentes, somos nosotros. La letra es, a la vez, terrible y bella; recuerda las mejores realizaciones de Roberto Arlt, quien en el cuento Esther Primavera elabora una hipótesis dramática parecida. Discépolo –y Amadori- asume una decisión terrible pero racional. ¿Por qué racional? Por la certeza absoluta de que el protagonista es un fracasado, que su destino es la derrota. Por eso grita: –Fue a conciencia pura/ que perdí tu amor,/ nada más que por salvarte… Y después martilla: –Porque te quise tanto…/ ¡tanto!/ que al rodar/ para salvarte/ sólo supe hacerme odiar…

No ha habido jamás un tango que contenga un personaje tan patético y de tan desconcertante valor. Escribe Oscar del Priore: -Para preservar a la mujer amada de las seguras miserias que le esperan junto a él, no encuentra mejor recurso que maltratarla hasta forzarla a alejarse. Y, al fin, puede arrinconarse feliz, para llorar su pérdida.

Yo no sé si el que te tiene así/ se lo merece,/ sólo sé que en la miseria cruel/ que te ofrecí,/ me justifica el verte hecha una reina/ y que vivirás mejor/ ¡lejos de mi!

Pujol compara a este personaje de Confesión con otros de Discépolo y sentencia: -Nuevamente la conciencia es lo único que queda, el amuleto al que se aferran los fracasados, una paradójica moral que no está dispuesto a entregar tan fácilmente. Es un anti héroe. No se confiesa con un cura, pero escribe su poema más cristiano.

Confesión inspiró la película del mismo nombre que en 1940 dirigió Luis Moglia Barth, con guión de Homero Manzi y Hugo Mac Dougall y las actuaciones de Hugo del Carril –quien canta el tango al final-, Alberto Vila y Alita Román.

Película argentina en blanco y negro dirigida por Luis José Moglia Barth según guion de Hugo Mac Dougall y Homero Manzi inspirados en el tango «Confesión» de Enrique Santos Discépolo que se estrenó el 23 de octubre de 1940, protagonizada por Hugo del Carril, Alberto Vila, Alita Román, Miguel Gómez Bao y Ana María Lynch. Dirección Musical de Mario Maurano con la orquesta típica de Ricardo Malerba.

Dicen que Discepolín tuvo la música y parte de la letra durante un año en el cajón de una de sus mesitas de luz. Corregía todo una y otra vez y no se conformaba. Y dicen también que el tango vio la luz gracias, precisamente, a la insistencia de Amadori, cuya amistad cimentó la compartida actividad en el teatro y el cine, quien al completar la letra hizo dar el paso decisivo al gran creador trágico del tango clásico.

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