LA AVENTURA DEL TANGO: CANTOR DE TRES NOMBRES

ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA Columnista

¿Quiénes supieron de su pasión por el fútbol y que, como jugaba mal, arbitraba partidos del club del entonces Ministerio de Hacienda de Uruguay?

¿Alguien se enteró de que fue un excelso cocinero, especializado en panqueques, que estuvo a punto de instalar un restorán?

¿O de que, cada mañana, aun habiéndose acostado dos horas antes, nunca dejó de levantarse para llevar a sus hijos a la escuela?

Inocencio Troncone nació el 10 de marzo de 1913, en una casa de la calle Paysandú, en Montevideo, aunque a los pocos años, junto a la mujer que se hizo cargo de su crianza y la de su hermana, se mudó a Colonia Suiza: allí se convirtió en cantor de tangos y allí debutó, el 6 de enero de 1936, en el Cine Helvético acompañado por los guitarristas Solís y Méndez. Su éxito fue tal que tres meses más tarde se presentó en CX 18, en “Caramelos Surtidos”, pasando enseguida a la orquesta de Eduardo Depauli, quien, para presentarlo, sustituyó su nombre y apellido por el seudónimo Eduardo Ruiz, que luciría hasta 1943.

Su carrera en nuestro país fue un torbellino para el aplauso: participó de la película nacional Radio Candelario, junto a Depauli, Miguel Ángel Manzi y el dúo de Carmen y Magdalena Méndez; en enero de 1941 hizo una gira por el Sur del Brasil, con las guitarras de Fontela, Pizzo y Falco; meses después reapareció en radio América como artista principal; al año siguiente cantó una temporada en la orquesta “Pintín Castellanos”, encabezada por Alfredo Gobbi, “el violín romántico del tango”, con destacadas presentaciones en el Palacio de la Cerveza de la calle Yatay, el Tabarís y radio Monumental; y finalmente, integró la recordada agrupación encabezada por Láurenz y Cassella.

Ya estaba listo para el gran paso: Buenos Aires.

Le había hablado Antonio Rodio –hizo la prueba para él cantando Percal, con Manuel Sucher al piano-, pero Ricardo Tanturi le ganó de mano. El legendario director de la orquesta “Los indios” enfrentaba un desafío: sustituir a Alberto Castillo, que había emprendido el camino de solista. Tanturi, viejo zorro, supuso, con razón, que tendría una revitalización con una voz más aterciopelada, melodiosa que la de Castillo.

La anécdota del día del arreglo fue maravillosa.

-¿Cómo se llama usted, en realidad?

-Inocencio Troncone.

-No, no sirve. Y Eduardo Ruiz tampoco, porque acá ha triunfado Ricardo Ruiz y la gente se va a confundir. A ver, a ver…

Tanturi tomó la guía telefónica, la abrió en una página al azar, desplazó su dedo sobre los nombres y de pronto se detuvo.

-¡Acá está! No se hable más. Desde ahora usted se llama Enrique Campos…

Así nació, en 1943 y en radio El Mundo, la etapa más resplandeciente de unos de los mejores cantores de tango que ha dado Uruguay. De inmediato, los primeros discos: Muchachos, comienza la ronda y el vals Al pasar.

En marzo de 1946 Enrique Campos se casó y eso produjo su primer alejamiento de Tanturi; entendió que como solista, con guitarras, él decidiría sus obligaciones y horarios con más libertad. Pero la idea no se sostuvo por razones económicas: al año exacto, lo contrató Francisco Rotundo, ante la desvinculación de Carlos Roldán, con cuya orquesta hizo grabaciones antológicas junto a Floreal Ruiz; entre ellas Llorando la carta, La abandoné y no sabía, Recién, La uruguayita Lucía, El sueño del pibe y –a dúo con “El Tata”- el mítico tema de Charlo y González Castillo El viejo vals. Posteriormente cantó para Roberto Caló, tuvo una efímera orquesta propia y volvió dos veces más con Rotundo, hasta que éste disolvió su grupo en 1957.

A esta altura, Campos tenía un próspero negocio de venta de flores en Belgrano, que, más su apego al hogar, causó que espaciara sus presentaciones; no obstante, no olvidó Montevideo: en 1962 viajó para actuar, acompañado por Toto D’Amario, en una emisión especial de Canal 4. Aunque se quedaba poco tiempo para no perder vigencia en Buenos Aires, regresó a su ciudad natal repetidamente: quizás el show que más se recuerde sea el que protagonizó en el popular programa que dirigía Miguel Angel Manzi.

También autor –Esclavas y reinas, Dale Artime, Por qué no estás tú, Buenos Aires del 40, y Conformate con ser buena, entre otras obras- Inocencio Troncone, que supo ser Eduardo Ruiz y se consagró como Enrique Campos, será recordado por su voz de dicción clara y expresión fraseada y melódica, además de haber sido un profesional respetado y un hombre de bien, querido por todos.

Murió en Buenos Aires el 13 de marzo de 1970.

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