LA AVENTURA DEL TANGO: EL PESCANTE

Antonio Pippo Pedragosa Columnista

“..La subió al coche, le dijo que no se asustara, volvió a unir los labios a los de ella y después, aconsejándole que subiera la ventanilla para que no entrara el aire frío, subió al pescante. -¡Un momento, mi amor! -gritó la joven. -¿Qué sucede? –gritó mi tío desde el pescante. –Quiero hablarle, sólo una palabra. Sólo una, querido mío. -¿Bajo? – preguntó mi tío. La dama no respondió, pero volvió a sonreír. ¡Qué sonrisa, caballeros! Convirtió al otro en nada. Mi tío bajó del pescante en un santiamén”.

Este breve párrafo figura en uno de los capítulos de “La historia del tío viajante” de Charles Dickens. Ahí está, presente  y repetido en tan corto pasaje como en pocas otras obras literarias, la palabra pescante, que, en su acepción más popular, es el asiento que ocupa el cochero de carruajes, antes vehículos de la aristocracia, cuyos escasos sobrevivientes hoy sirven al turismo, tanto como de carros o carretas que transportan mercaderías variopintas.

Y aparece una primera curiosidad. Hay un solo tema en la música popular que lleva ese nombre: El pescante, tango con letra de Homero Manzi y música de su amigo Sebastián Piana.

Manzi fue un hombre educado, culto, de muchas lecturas. Se sabe por declaraciones de su hijo Acho, tras la muerte del poeta, que leyó a Dickens, uno de sus autores preferidos. ¿Leyó precisamente ese libro del novelista británico, quien obviamente no pudo enterarse de la existencia de Manzi ni de algo llamado “tango”, posteriores a su final en 1870? Ah, caramba, eso es otra cosa. Pero dejar sobrevolar la simple idea, aunque parezca una audacia vulgar, seduce al modo de una brisa primaveral.

Ahora bien, lector: verdad es que Manzi, quien –otra curiosidad- en el desarrollo de la letra de su tango jamás nombra al pescante, no pensó en carruajes aristocráticos o de la burguesía, sino quiso retratar la realidad de un Buenos Aires de empedradas calles por las cuales circulaban, como un signo de identidad de la época, infinidad de carros de modesta gente que así se ganaba el puchero: el papero, el lechero con su carrito fileteado, el que traía el pan… Tiempos de corralones, pobreza y trabajo duro: –Yunta oscura trotando en la noche./ Latigazo de alarde burlón./ Compadreando de gris sobre el coche/ por las piedras de Constitución

El 17 de julio de 1934, Francisco Canaro e Ivo Pelay presentaron en el teatro Sarmiento la comedia musical La canción de los barrios; a la par, convocaron a un concurso de tangos inéditos. Ganó Churrasca, de Francisco Lomuto –que fue condenado rápidamente al olvido- y el segundo lugar fue para El pescante, cantando por primera vez por Mercedes Simone, que nunca lo grabó. Vale la pena recordar también, como otra contribución a la serie de curiosidades que han andado alrededor de la obra de Manzi y Piana, que años antes, en 1923, Armando Discépolo, al decir de Héctor Bendetti, “ya lamentaba la decadencia del cochero de carruajes de alquiler o de familias de clase alta, en su grotesco Mateo”. El ingenio popular rebautizó con este nombre a tales vehículos, aunque en la obra teatral así se llamaba el caballo.

Y, si se hurga lo suficiente, aparecen otras peculiaridades. Por ejemplo el uso en El pescante de un único vocablo no castellano sino francés: -¡Vamos!…/ camino al tiempo olvidado./ Vamos por viejas rutinas, tal vez de una esquina/ nos llamé René./ Vamos, que en sus aventuras/ viví una locura/ de amor y suissé.

Suissé es el ajenjo y –dice el historiador Benedetti- “muchas botellas mentían un licor legítimo, fingiendo en su etiqueta una procedencia suiza”.

Este tango nació para perdurar, aunque en estos tiempos su difusión haya menguado al igual que la de tantos otros clásicos. Homero Manzi hizo poesía sentimental y emotiva como nadie, cantándole al irremediable paso del tiempo. ¿Creó otros tangos que hoy se reconocen y se recuerdan más? ¡Claro! Ahí están Sur, Después, Malena, Barrio de tango, De barro, Recién, El último organito y tantos más.

¿Qué hace especial entonces a El pescante?

Quizás el propio Manzi. En un lejano reportaje cercano a su muerte, le dieron a elegir un tema entre su amplísima producción. Tras una breve duda, dijo:

-Es muy difícil tener un hijo preferido. Muchas de mis obras me dieron satisfacciones grandes. Pero, qué sé yo, mi corazón tiene una relación con El pescante un poco especial. Sí, es un tango que expresa mis sentimientos y ha significado mucho para mí. Es como una especie de mojón definitivo.

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