DEL CUPLÉ AL TANGO

ANTONIO PIPPO P. COLUMNISTA

¡Es tan atractiva la historia del tango! Siempre aparecen documentos, libros o añejas declaraciones de olvidados protagonistas en los que hurgar, con espíritu de aventura, para añadir algún capítulo escrito a medias o aún no escrito.

Es el caso de uno de los principales creadores, si no el más relevante, que inició el proceso de las letras del tango partiendo del cuplé español introducido por los inmigrantes:  Luis Pedro Víctor Vicente Roldán –conocido, más sencillamente, sólo por Luis Roldán-, un compositor, letrista, periodista y cantor nacido en Buenos Aires, de padres gallegos, el 13 de mayo de 1894 y muerto en la capital argentina el 7 de agosto de 1943, que también firmó algunas de sus obras con el seudónimo de Luis Candela.

Todos admiten hoy que el tango canción nació con Mi noche triste, cuya poesía fue escrita en 1916 por Pascual Contursi sobre una música anterior de su amigo Samuel Castriota, y que llevó al disco Gardel un año más tarde. ¿La razón del consenso? Fue la primera letra que tuvo un argumento, bien desarrollado en tres partes, que hablara con emoción y claridad, más allá del uso del lunfardo, de circunstancias que reflejan la vida cotidiana.

Sin embargo hubo letras anteriores, muchas simples estribillos, que no alcanzaron esas virtudes aunque fueron el abono necesario para su aparición. Y si bien es verdad que la mayoría son prostibularias, prosaicas y hasta en algunos casos impublicables, hubo otras, igual de elementales, pero más cuidadosas con el idioma y la intención.

José Gobello, escribiendo sobre Roldán, sostiene que “fue de los primeros letristas, y su obra reviste gran importancia porque es ella la que introduce en el tango la corriente del cuplé (…) Al escribir tangos para cupletistas, Roldán y, enseguida, Martínez Viergol, buscaron temas y rimas para esa veta dramática. Antes de que Manolita Poli estrenara Mi noche triste, y luego lo inmortalizara Gardel, ya se entonaba Maldito tango, estrenado por la cupletista La Tizoncito, la obra más conocida de Roldán, con música de Osmán Pérez Freire, y que grabó El Mago en 1920. Lo que se ignora es por qué ese tema pasó al disco cuatro años después de creado”.

Este pionero escribió su primer tango con aires cupleteros en 1915, Más criolla que un amargo, del que hizo también la música.

Entre los más de cien tangos cuya letra pertenece a Roldán –que trabajó en el vespertino Crítica durante treinta años- , sobresalen aquellos que grabó el dúo Gardel –Razzano y el propio Gardel como solista: Mi china (un fado con música de Juan Rodríguez), Carne de cabaré (música de Lambertucci), La tristeza del bulín (música de Scatasso) y el más conocido Muchachos, me caso (con música de Luis Martini). Roldán fue muy amigo de Razzano y Gardel, a quienes conoció en el legendario Armenonville.

No deja de ser una rareza que el prestigio de Luis Roldán se haya asentado con mayor fuerza recién en 1928, cuando escribió, con música del compositor español José Lacalle, la popular e inolvidable Amapola.

Hay más aportes de Roldán al tango. Dice de él Horacio Salas: “Fue quien introdujo en la música popular ciudadana la vida del cabaré. Es sabido que la letra compuesta por Pascual Contursi para La Biblioteca, con música de Berto, no es sino un diseño festivo de un cabaré de Montevideo, el Moulin Rouge. Pero la descripción del cabaré, como el lugar de perdición donde sucumben las pobres chicas de barrio, se dio mucho antes, precisamente en Maldito tango, de Roldán, que en el tradicional Milonguita, de Enrique Pedro Delfino y el uruguayo Samuel Eduardo Linnig.

Además de su vínculo con el tango, y de su condición de periodista de carrera, Roldán probó fortuna también en el teatro y alcanzó un éxito efímero. Puso en escena El madrigal, con el protagónico de Elías Alippi, y la revista humorística Quevedo en el Florida.

Aunque haya quien piense que es una extravagancia, parece valiosa una transcripción parcial de la letra iniciática de Maldito tango:

-En un bazar feliz yo trabajaba,/ nunca sentí deseos de bailar,/ hasta que un joven que me enamoraba/ llevóme un día para tanguear./ Fue mi obsesión el tango de aquel día/ en que mi alma con ansia se rindió,/ pues al bailar sentí en mi corazón/ que una dulce ilusión nació (…) Maldito tango que envenena/ con su dulzura cuando suena,/ maldito tango que me llena/ de tan acerba hiel./ Él fue la causa de mi ruina,/ maldito tango que fascina…/ ¡Oh tango que mata y domina!/ ¡Maldito sea el tango aquel! 

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