PLANETA LITERARIO: BIENVENIDO NUEVAMENTE DAVID VEGA

DAVID VEGA
PANAMÁ

PLANETA LITERARIO, se complace en volver a presentar a David Vega desde Panamá, que como el mismo lo dice: “Llevo en el ADN el escribir, componer, cantar, heredados de mi madre”.

En esta ocasión nos da una grata sorpresa, porque como el cuenta hace años decidió escribir experiencias de vida y esas experiencias se transformaron en enseñanzas cambiando su pregunta de ¿porque le pasaban las cosas? a ¿para qué?. Lo que hizo, que el comience a compartir frases sueltas en las redes de vez en cuando, luego un párrafo y pronto esos párrafos se convirtieron en mensajes completos, recibiendo comentarios positivos al respecto así como de gente que le agradecía porque lo que escribia les hacía mucho bien, aumentando cada vez más su gran legión de seguidores.

Cuando no podía publicar la gente le reclamaba que lo hiciera y así se pasó un año escribiendo casi cada día, hasta que un lector le dijo que cuando iba a vender su libro ¿Qué libro? dijo el escritor, -éste que compartes cada día- le contestaron y se pregunto ¿Un libro yo? y así recopila todo lo escrito, y ¡Oh Sorpresa! ¡Tenía material para 3 libros! Tomó las ideas y las agrupé en tópicos, 3 libros en borrador. Los compartió con personas que también escribían de su confianza y recibió de estos sus “feedback”. Así, nació su primer libro: “REFLEXIONES DESDE MI ALMA”. Posteriormente se pone a investigar por editoriales, por libros digitales, costos, regulaciones, mandó a hacer los primeros ejemplares físicos a la vez que lo publica en Amazon de manera digital y ahora está en la fase de mostrar el contenido de su libro de forma masiva y así lograr tocar muchos corazones con una propuesta de valor coherente y válida con la ayuda de expertos. Con este proyecto de vida David Vega busca tocar corazones sin hacerse dueño de la verdad, solo mostrar esas reflexiones que me le han hecho vivir una mejor vida, más sincera, en paz, acorde con quien él es y en base a estos aprendizajes, cada uno pueda descubrir sus propias reflexiones y mejorar su propio destino. Pués adelante con ese libro ¡Pues sí!.

A continuación una antología del escritor todas con derechos reservados.

La divinidad

Existen en la actualidad diversas formas de ver, sentir, presentir, ese algo que para muchos está allí, aunque no es visible con facilidad, o que es cuestión de fe o lógica de vida. Con todo el respeto que merece lo que cualquier persona piense o haya decidido aceptar o no, quiero compartir el concepto de divinidad que he asumido para mí mismo.

Yo tengo muy claro que soy parte de algo perfecto, eterno y sin tiempo, de un todo que a la vez contiene la nada, de una energía que tiene como polos o vertientes, al amor y el miedo, y que éstos dos sentimientos o posturas son parte inherente de ese todo del que formo parte. Como dicen por ahí, soy una gota del océano eterno del espíritu. Por lo tanto, yo mismo soy un ser divino y no puedo dejar de serlo aunque humanamente sea imperfecto; resulta que no poseo en la carne perfección, pero es para experimentar la maravilla de la creación.

Yo no siento a la divinidad lejos, ni lo veo como sinónimo de sufrimiento. Tampoco veo un dios castigador, caprichoso. Más bien, lo veo como algo íntimo y a la vez compartido, con un plan creacionista, del que soy parte intrínseca de él, que todo se da por un motivo, que no es más que aprender a valorar el proceso de la creación.

Entonces, esta vida la visualizo y realizo como una obra de teatro, en la que soy co-productor, co-director y artista principal, en la que tengo definido el argumento y tema, aunque es del tipo de improvisaciones, con lo cual pierde la monotonía y la fatalidad. Y si a la primera no aplico el argumento, tengo la oportunidad de volverla a poner en escena cuántas veces sea necesario.

Al final, en realidad no es que hay o existe una divinidad. Soy un convencido que más bien todo lo es. Cuando terminan los actos de la obra y me libero del personaje, vuelvo a reconocerme como parte de ese todo, y entiendo las obras de teatro de las otras gotas de este océano eterno. Cuando dejo de actuar, vuelvo a ser yo.

Y, es maravilloso reconocerme tal cual soy desde siempre, y con esto en mente, aunque haya dudas, tropiezos, el ego que a veces marea y se hace cargo, voy dando un paso a la vez, agradecido de poder sacar provecho de cada paso ya sea “bueno” o “malo”. Si logro aprender y/o recordar, habrá valido la pena ese paso, y entonces podré avanzar. Y volveré de donde he venido, mi casa de siempre.

“Más de mis huellas”. Panamá, 2018.     

      Las Influencias    

Hay personas que pensando que hacen lo correcto, intentan que otras personas se parezcan a ellos, ya que según su punto de vista, ellos son quienes tienen la razón y su experiencia les hace conocer la verdad de cómo comportarse, actuar y caminar por esta vida pasajera. Más que dejar ser, tratan de “normalizar”. Me parece a mí, que normalmente se trata de influenciar a otros para que sean mejores, no pensando en ayudar a que abran sus alas, sino en que sean según debemos ser desde su perspectiva de ver las cosas. Y aquí es posible que surjan conflictos entre nuestro sentir y perspectiva, sobre lo que estos “influenciadores” desean de nosotros.

Esto se da desde que nacemos, con nuestros padres y familiares, luego los amigos y compañeros, más adelante nuestras parejas. Y todos ellos que tienen “verdades” igualmente inducidas, nos empujan por decirlo menos a volvernos opacos. Es más, cada uno de nosotros en algún momento dado, hemos dirigido hacia nuestra forma de verdad y realidad a nuestros hijos, parejas, amigos, compañeros. No es por mala fe, es que se piensa que querer ser uno mismo, si esto va en contra de lo establecido, está mal. “¿Y por qué tengo que hacer esto? Pues, ¡porque sí!”

Los que tratan de ocultar las personalidades individuales lo hacen pensando equivocadamente que querer hacer cosas distintas, vivir de otra forma, romper paradigmas, es sufrimiento y es inapropiado; que otros abran los caminos, nosotros sólo los caminaremos, que otros hagan el intento y cuando lo logren, nosotros lo intentaremos. Parece mentira que aun cuando la historia demuestra que para progresar hay que cambiar, actuar distinto, atreverse, se sigue pensando a nivel colectivo, que eso es malo si lo hace uno mismo. Siento aquí que se busca mantenernos dormidos, de esta forma se eternizan injusticias, se mantienen cautivos a los más débiles, y nos “gobiernan”.

Igual considero que parte de nuestro motivo de vida obedece a romper esas influencias, que nos sirvan de trampolín para avanzar en nuestro proceso de aprendizaje. Si logramos descubrir esas vendas, esas anclas que a través de sus controles y miedos inducidos nos limitan, y las volvemos ajenas y nos la quitamos del camino, como nos va pasando a muchos en estos tiempos, todo habrá valido la pena.

¿Qué nos toca hacer? Pues nos toca ser facilitadores, compartir nuestras experiencias sin esperar que las apliquen, más bien que les sirva de guía; nos toca aprender a apreciar que nuestro camino no es el único, que los demás no tienen que llegar o hacer lo que yo sí. Nos toca ser “tolerantes”, dejar ser, y es posible que recibamos entonces influencias positivas de lo que observemos: allí pueden haber luces para nosotros.

“Más de mis huellas”. Panamá, 2018.

         

Cuando quedan cortas las palabras.

Cuando un sueño se hace “el hoy”,
tirando las cadenas y las sombras 
y aparecen todas las sonrisas dulces,
esa mirada que atraviesa el aire hasta besarte como una caricia,   
no llegan todas las frases, ni cerca,
para describir tu cielo iluminado.

Cuando hay paz desde la esencia, brotando como agua que limpia, como un tesoro más allá del oro,
dejando los gritos duros tan lejos
que no logren tocar ningún camino,
no pueden los versos transmitir,
el gozo que nace infinito adentro.

Cuando la felicidad despierta contigo
emocionando cada paso que habites,
mostrando tus huellas como pétalos
de flores con aroma de tu verdad,
armada sólo de alegría y motivos,
se quedan pequeños los poemas,
ante un corazón que sonríe a gritos.

Cuando el amor brilla en tu día,
más profundo que todos los besos,
más allá de dos cuerpos unificados,
explorando las luces ya eternas,
y asumiendo victorias sin luchas,no logran mostrar los escritos
la armonía de las voces del alma.

Cuando los milagros son lo cotidiano, 
y te sorprendes con cada mañana, con cada roce de otra mirada,
y descubres mensajes antes de tu piel, guiando la miel sobre cualquier lágrima, 
se alejan las rimas de mostrar la magia 
de tanta gratitud surgida de tu boca.

Cuando quedan cortas las palabras,
he allí el paraíso despierto, 
el canto más fuerte de mi ventana,he allí todos los verbos atentos
de llenar cada nota y cada palabra,
con algo más que su propio símbolo,
con la canción de mi destino eterno.

“Por mis caminos”. Panamá, 2017.

No me arrepiento.

De haber dejado volar auroras,
con sus anhelos y sus alas,
que se hayan esfumado en el mar
o perdido entre lágrimas pasadas,
de nada me arrepiento,
porque hoy soy lo que soy.

De haber rechazado un beso
o haberlo pedido sin eco en mi boca,
permitir perder el mar de mi laberinto
para alcanzarlo al volver a mirarme adentro
y aunque haya caído tan lejos de mí,
he vuelto a encontrarme despierto,
y no me arrepiento.

De no seguir el camino correcto,
y en cambio seguir mi camino imperfecto,
de dejarme llevar de sombras necias
para ganar de ellas la sonrisa nueva
por cada golpe que me regaló la mañana,
recibí flores tan llenas de mi ternura,
que no me arrepiento de aprender
mientras avanzo a veces gris y a veces cielo.

De haber tirado piedras a otro mundo,
y luego descubrir que ese mundo era mío,
de desear sin querer, de querer sin amar,
descubrir en cada mirada algo de espejo,
borrar un verso del alma para vivir un abismo,
de cada paso que me ha dejado en este hoy,
no me arrepiento, ni del sol ni de las dudas.

No me arrepiento de nacer en un pueblo,
de los amigos que fueron, los amores que vivo,
soltarme del viento, sin saber si tengo abrigo,
o llorar por sentir el vacío de no tenerme dentro.
ni de ser huella de una ilusión ya tan lejos,
ni de querer volver al niño que quizás aún sufre,
todo ha sido para darme los pasos de mis versos,

Y no me arrepiento,
de regalar el corazón aunque fluya el silencio.

“Más de mis huellas”. Panamá, 2018.

Ayúdame.

Ayúdame,
a caminar la luz que soy,
a convertir lágrimas en besos,
tropiezos en saltos benditos
en la ruta que transito
mientras me hago más puro.

Ayúdame,
a devolver golpes con caricias,
odio con miel arropada de ternura,
permitir que quien me nuble
encuentre en mí un cielo
despojado de rencores vacíos.

Ayúdame,
a verme en las estrellas,
a descubrirme brillando adentro,
soltando aquello ajeno y oscuro,
abriendo espacios a mi universo
donde viva la sonrisa en cada paso.

Ayúdame,
a permitir que cada día me sorprenda
con una mirada que ame y respire
con pensamientos eternos y verdes
con aromas tan gratos que inunden mi alma
como si naciera cada vez más alto.

Ayúdame,
regalándome un abrazo franco
ese hola que alegre una mañana
el perdón que libere mi ansiedad
esa risa que me toque el corazón
ese Dios que habita en tu carne
que llegue para llenarme de amor.

“Por mis caminos”. Panamá, 2017

.

El tiempo que me queda

Será suficiente,
se apagará la luz cuando no sea noche,
se reflejarán entonces los recuerdos nuevos,
atenderé el final con aquel pensamiento
que cruce la barrera de la carne que dejo,
y que sirva de peldaño a mi sonrisa adentro.

Me abrirá puertas,
las que tengo cerradas tan cerca,
lograré encender el motivo de la alegría,
mientras camino por este cielo que realizo,
para darle más protagonismo a mi dulzura,
y optar así a esa realidad tan única y mía.

Me encontraré despierto,
atento a hacerme del mundo de las estrellas,
a levantar mi horizonte hasta que brille,
pondré adelante mi paz y atrás la nostalgia,
volveré a conocer el dios que siempre habito
otra vez miraré con ojos de mi mar eterno.

Podré volver almendras mis abismos
mientras tejo en mi verso plenitud y sueños,
terminaré los compromisos que he traído,
no los ajenos que no pertenecen a mi cielo,
ni los gritos impuros de los dueños apagados,
solo aquellos que me hagan escalar mi destino.

El tiempo que me queda
pintará mis huellas y me sorprenderá en sonrisas,
aunque haya lágrimas que lleguen de prisa,
o broten silencios que oculten mi melodía,
siempre retornará la verdad de mi aventura,
cada vez más cargada de la miel que me emana.

Entonces como hoy seré presente,
otra vez llegaré a casa,
más lleno de mi esencia,
con menos peso de mundo,
y otro peldaño alegre.

“Más de mis huellas”. Panamá, 2018.

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