In a low voice: The essence that endures: a chronicle of Holy Week

COLUMNISTA
La Semana Santa ya no suena igual. O quizá sí, pero más bajito. Antes, el silencio era casi una norma sagrada: las calles se vaciaban, los radios bajaban el volumen y hasta el viento parecía andar con cuidado. Hoy, en cambio, la vida no se detiene; se transforma. Hay filas en los aeropuertos, playas llenas, ofertas de turismo y planes que poco tienen que ver con el recogimiento. Y sin embargo, en medio de ese ruido moderno, algo persiste.
Holy Week doesn’t sound the same anymore. Or perhaps it does, but more subdued. Before, silence was almost a sacred rule: the streets emptied, radios lowered their volume, and even the wind seemed to tread carefully. Today, however, life doesn’t stop; it transforms. There are lines at airports, crowded beaches, tourism offers, and plans that have little to do with contemplation. And yet, amidst this modern noise, something persists.
Hubo un tiempo —no muy lejano— en que la Semana Santa era una pausa obligatoria. Las abuelas cubrían los espejos, se evitaban ciertos alimentos, y el Viernes Santo se vivía con una solemnidad que rozaba el misterio. Se caminaba despacio, se hablaba bajo, y cada gesto parecía cargado de significado. Las procesiones no eran solo tradición: eran encuentro, fe compartida, comunidad.
There was a time—not so long ago—when Holy Week was a mandatory pause. Grandmothers covered their mirrors, certain foods were avoided, and Good Friday was observed with a solemnity that bordered on the mysterious. People walked slowly, spoke softly, and every gesture seemed laden with meaning. The processions weren’t just tradition: they were encounters, shared faith, community.
Hoy muchas de esas costumbres se han ido diluyendo. Ya no todos saben por qué no se come carne ciertos días, ni qué representa cada estación del viacrucis. Las nuevas generaciones crecen entre pantallas y horarios que no siempre permiten detenerse. La Semana Santa, para algunos, es simplemente un descanso en el calendario.
Today, many of those customs have faded. Not everyone knows why meat is abstained from on certain days, nor what each station of the Stations of the Cross represents. New generations grow up surrounded by screens and schedules that don’t always allow for pauses. For some, Holy Week is simply a break in the calendar.
Pero sería injusto decir que todo se ha perdido, porque todavía hay quienes madrugan para asistir a una misa, quienes acompañan una procesión bajo el sol o la lluvia, quienes guardan silencio en medio del bullicio del mundo. Todavía hay hogares donde se reza, donde se recuerda, donde se transmite —aunque sea en pequeñas dosis— el sentido profundo de estos días.
But it would be unfair to say that everything has been lost, because there are still those who rise early to attend Mass, who accompany a procession in the sun or rain, who observe silence amidst the world’s clamor. There are still homes where prayers are offered, where remembrance is cherished, where the profound meaning of these days is shared—even if only in small doses.
Y también han surgido nuevas formas. Reflexiones en redes sociales, encuentros juveniles, espacios de espiritualidad más abiertos, menos rígidos. Tal vez la fe ya no se expresa como antes, pero sigue buscando caminos para existir.
And new forms have also emerged: reflections on social media, youth gatherings, more open, less rigid spaces for spirituality. Perhaps faith is no longer expressed as before, but it continues to seek ways to exist.
Entonces, la pregunta no es si la esencia de la Semana Santa sigue ahí. La pregunta es dónde la estamos buscando.
So, the question isn’t whether the essence of Holy Week is still there. The question is where we are looking for it.
Porque la esencia no vive únicamente en la tradición ni en el ritual intacto. Vive en la intención. En el momento en que alguien decide detenerse, mirar hacia adentro, recordar el significado del sacrificio, del perdón, de la esperanza.
Because the essence doesn’t reside solely in tradition or in the untouched ritual. It lives in intention. In the moment someone decides to pause, look inward, and remember the meaning of sacrifice, forgiveness, and hope.
Quizá ya no sea una semana de silencio colectivo, pero sigue siendo —para quien lo permite— una oportunidad de encuentro interior.
Perhaps it’s no longer a week of collective silence, but it remains—for those who allow it—an opportunity for inner reflection.
La Semana Santa ha cambiado de forma, sí. Se ha mezclado con el turismo, con la prisa, con los nuevos tiempos. Pero su esencia, esa que invita a reflexionar sobre la vida, la muerte y la posibilidad de renacer, no desaparece tan fácilmente.
Holy Week has changed, yes. It has become intertwined with tourism, with the rush of modern life. But its essence, that which invites reflection on life, death, and the possibility of rebirth, doesn’t disappear so easily.
Solo espera, paciente, a que alguien vuelva a escucharla.
Just wait patiently for someone to listen to her again.
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