
Asisto en el tablao madrileño Torero que dirige la bailaora y coreógrafa Mónica Tello, a un homenaje con entrega de la Perla Negra, el trofeo creado por este histórico templo del flamenco al cantaor Pepe de Lucía, hermano del inolvidable guitarrista y compositor Paco de Lucía. Con presentación oficial a cargo del reputado veterano flamencólogo Faustino Núñez.
El mundo flamenco tiene sus propios cánones. Entre el público invitado estaban el guitarrista, compositor y arreglista José Fernández Torres, mundialmente conocido como Tomatito, guitarrista que fue del gran Camarón de la Isla, cuando dejó de serlo el gran Paco de Lucía; también estaban Joaquín Cortés, famoso bailaor y coreógrafo que cuenta con el currículo más impresionante de la historia desde que con catorce años entró en el Ballet Nacional de España y con dieciséis fue nombrado solista; con diecinueve dejó el BNE para volar solo y ha volado más alto que nadie; por allí andaban el guitarrista Jesús del Rosario, un histórico del madrileño Caño Roto, que como él mismo dice ha dado su vida por la guitarra; los cantaores Cancanilla de Málaga y Morenito de Íllora.
Con tales invitados entre el público, poco trabajo le quedó a Faustino Núñez como presentador, porque el homenaje se transformó en una conversación a cuatro, entre Pepe, Tomatito, Cortés y Faustino, por este orden. Una conversación para rememorar el pasado común de todos ellos, por supuesto a la sombra del gran Paco de Lucía y su sexteto, de Camarón de la Isla, de Manolo Caracol y su tablao Los Canasteros. Pero la batuta la llevó en todo momento Tomatito y en segundo lugar Joaquín Cortés.
Allí se habló de la vida en Algeciras de los Sánchez desde la infancia, de los juegos que se traían entre los hermanos, de Mairena, otro de los protagonistas no presentes que era el Niño Mairena, compositor de unos tientos que no salieron; de Paco y Tomatito, de una mueca que hizo este último para decir que algo no estaba bien, de lo fenómeno que era Paco.


El protagonismo de recuerdos de otro tiempo entre los que los compartieron. Faustino mudo, intentando meter alguna baza, pero con tales mimbres en escena difícil lo tenía. Cuenta Pepe lo que hacía su padre con la bandurria, conciertos bar por aquí y por allí, recuerdos de los hermanos Paco y Pepe con Manuel de Molina, el gran poeta del flamenco. De aquel Concurso Internacional del Arte Popular Andaluz, celebrado en Jerez en mayo de 1962, en el que participaron Los Chiquitos de Algeciras, que no eran otros que Pepe y Paco de Lucía, y en el que se entregó la Medalla de Oro del cante a Antonio Mairena.
Recuerdos, recuerdos, recuerdos… Dice Pepe: “Mi madre guardaba dinerito para cualquier imprevisto que se presentara”; Paco y Camarón, ¿te acuerdas? Tomatito es decididamente el principal entrevistador de este lance. ¿Te acuerdas de Caracol? Se metía con todos los cantaores, pero nunca habló mal de un compañero. ¡Eso sí que es gran mérito!

Hablan de cómo Paco hizo historia de la coreografía en el baile; de Joaquín Cortés, de Tokio… ¿qué flamenco que se precie no ha estado en Tokio? 1989, Paco de Lucía en Tokio, cuando Pepe tenía diecisiete años. Recuerdos, más recuerdos… ¿Esto es un homenaje a Pepe o a Paco de Lucía? Recuerdo de cuando Paco que tenía un sentido del humor cien por cien gaditano, preparaba bromas con Antonio Grilo, para gastarlas más tarde y reírse hasta reventar. Dice Joaquín Cortés: “Pepe con Camarón y con Tomatito son los que mejor me han hecho bailar”. Cuenta Cancanilla de Málaga sus anécdotas con Caracol en Los Canasteros.
Esto es historia. Por último cuenta Pepe como se despidió de su hermano de cuerpo presente contándole sus cosas, las cosas que aún no le había contado.

Llega el momento histórico de la entrega a Pepe de Lucía de la Perla Negra. Emoción por todos los costados que culmina con la actuación de Jesús del Rosario a la guitarra y Morenito de Íllora al cante, con músicas de Pepe y Paco. Pero como pasa siempre entre flamencos y aquí no podía faltar es el fin de fiesta con participación coral. Al toque Tomatito, al cante Cancanilla de Málaga, al baile Joaquín Cortés, finalmente al cante el premiado y homenajeado, Pepe de Lucía, padre de María Lucía Sánchez Benítez, Malú para el arte. La saga artística de los Sánchez continúa.

Alguien me pregunta más tarde si me ha gustado. Respondo, “esa no es la pregunta”, porque la respuesta no es si me ha gustado sino lo que he vivido con esta inmersión en tiempos gloriosos traídos aquí, al Torero, esta noche por los artistas presentes y los artistas no tan ausentes.
El guitarrista de la casa, Rafael Salinero y director de Salinero Eventos, presentado en mi crónica anterior sobre el ballet Bernarda Alba por la compañía de Mónica Tello en Majadahonda, en conversación muy agradable y productiva alcanzamos un consenso de que la música es algo que se siente, que no es cosa de poder leer o no un pentagrama. El gran Paco de Lucía no lo leía. Le cuento a Salinero mi anécdota con Cañizares, cuando le pregunté en mis “Conversaciones con artistas flamencos” sobre este tema y la respuesta lapidaria de Cañizares: “Paco era músico. Hay muchos que pasan por un Conservatorio que no son músicos”.
Para rematar una noche única, Rafael Salinero me regala su disco FLM Music, una joya por rumba, tanguillos, bulerías y las piezas tituladas Habana Cádiz, Sevilla Corrientes y Veracruz- Puerto Rico por soleá. Gracias infinitas, Rafael.

Acabo la noche haciéndome una foto entre Tomatito y Pepe de Lucía. ¿Se puede pedir más…..?
No es cuestión de gustar, es cuestión de vivir.
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