La aventura del tango: Abriendo el gran Baúl

Antonio Pippo Pedragosa Columnista

Sorprenden, y conmueven, los recuerdos cuasi novelescos que se extraen del olvido apenas uno revuelve el baúl que guarda la historia del tango.

Mi dolor, cuya música creó Carlos Marcucci y su letra Manuel Meaños, pese a las numerosas grabaciones durante las primeras décadas del siglo pasado, no es una obra que haya perdurado en la preferencia de las posteriores generaciones. Mucho menos en la actualidad. Sin embargo, su peripecia reserva matices poco difundidos, bordeando la leyenda.

Data de 1929, su melodía es muy sutil y avanzada para su época y los versos, aparentemente influidos por la corriente que en el Río de la Plata impuso Rubén Darío –visitante asiduo de Buenos Aires y Montevideo- , excluyen el lunfardo y alcanzan un vuelo lírico inusual:

Vuelvo de tierras muy lejanas donde ayer,/ fuera a buscar olvido a mi dolor,/ consuelo al alma que sufrió al creer/ en los engaños y promesas del amor (…) Hoy,/ curada mi alma de su herida,/ pienso que nunca he de volver/ a mendigar tu querer (…) Pero hoy te he visto junto a mi lado pasar,/ mi corazón tan rápido latió/ que aquella herida que creí curar/ ante tu vista de improviso se entreabrió,/ pues no bastaron para calmar mi dolor/ ni las caricias ni el olvido

Marcucci, y muchos lo ignoran, fue un personaje.

Llamado El pibe de Wilde –nacido en Buenos Aires en 1903 y fallecido en la misma ciudad en 1957- aprendió en la niñez, de oído, a tocar el bandoneón por la influencia de un hermano mayor, aunque luego, adolescente, estudió con el mítico Arturo Bernstein, El alemán. A los trece años debutó junto al violinista Raimundo Orsi, quien llegó a ser figura estelar del fútbol argentino, y al guitarrista Domingo Riverol, más tarde acompañante de Gardel, integrando Trío de Pibes en un bar de Corrientes y luego en un café de Avellaneda. Al paso de años tocó con De Caro, Canaro y otros, viajó con frecuencia al exterior, fue bandoneonista, junto a los hermanos De Caro, Ciriaco Ortiz y Elvino Vardaro, del quinteto Los virtuosos, organizó su propia orquesta y grabó para varias discográficas sus tangos Chivilicoy, Cielo azul, Esta noche, Estrellita, Tus engaños, Mi tapera, Romántica y –ambos grabados por Gardel- Viejecita mía y La reja, entre muchos otros temas. Compuso con varios letristas de renombre, aunque con Meaños sólo hizo Mi dolor, La reja y Si supieras; es que este poeta, su amigo, fue muy poco prolífico y prefirió dedicarse a su actividad de locutor y glosador en radios y teatros.

El estreno de Mi dolor fue otra de las rarezas encontradas en el baúl.

La primera grabación, con una agrupación armada por Marcucci, y la voz del cantor Roberto Díaz, fue el 23 de mayo de 1930. Sin embargo, un año antes, con el mismo marco instrumental, lo había estrenado la cantante Julia Ferro, una exquisita folclorista tucumana que, al mudarse al universo porteño, integró tangos a su repertorio. Fue en el debut de Marcucci en el Metropol Theatre de la calle Lavalle. Anunciado Mi dolor en cartelera como “el tango elevado a la categoría de arte”, en la presentación se dijo que era “una creación de la cancionista Julia Ferro”, generando una considerable confusión entre el público, aclarada durante un intervalo en el desarrollo del espectáculo.

Alabada por Atahualpa Yupanki, Guada Aballe y Raúl Outeda, Julia falleció muy joven, a los treinta y tres años, en la plenitud de su carrera. Infortunadamente, nunca grabó un disco por lo que es imposible reproducir aquella voz que fue calificada de “pequeña pero intensa, llena de matices propios del criollismo y muy emotiva para el tango porque contiene el embrujo de la noche”.

Para el cierre, una anécdota graciosa de Marcucci con Gardel. El autor tenía veinte años y gracias a la intervención de Riverol, logró visitar al cantor en su casa para pedirle que le grabara Viejecita mía. Al llegar, El Mago no estaba y lo atendió quien era conocida como su madre, Bertha Gardes. Cuando al fin apareció Gardel, que venía de los baños turcos, miró partitura y letra con rapidez y dijo:

-¡Muy bien, pibe! Te lo grabo, quédate tranquilo… Pero ahora esperá porque vengo con hambre y me voy a comer un buen pucherete. Sentate por ahí, nomás

Al poco tiempo sería Gardel quien llamaría a Marcucci para pedirle “alguna cosita nueva”. Y de ahí salió otro disco simple de la voz inmortal, con su versión de La reja.

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