LA AVENTURA DEL TANGO: EL OTRO DISCÉPOLO

Antonio Pippo Pedragosa
Columnista

No hay nada más teatral, mas divino, más hermoso, más complejo, más pintoresco, más serio y más cómico que la vida misma.

Así se expresó un día quien, si bien nunca lo asumió y vivió del arte popular, fue, en el más revelador de los aspectos, un filósofo.

Y un filósofo que, poco después, se quedó, para regar su mensaje, mezclando una suerte de preocupación metafísica con la crítica social: –Yo veo el dolor en todos los que tengo delante, me posesiono de su situación, comprendo cuáles son sus problemas y en seguida me pongo en su lugar, y siento como sienten ellos; percibo, como si fuera mío, el sufrimiento ajeno.

Enrique Santos Discépolo

Se trata de Enrique Santos Discépolo, el poeta que escribió letras como gritos, con su poesía compasiva y a un tiempo ardiente y sarcástica, el distinto que habló con Dios, el que no admite comparaciones: –Siempre he conversado con Dios. Y aprendí a sentir, como si fuese el dolor mío, el hambre de los otros, la injusticia de los marginados y la tragedia infinita de vivir en la tierra que lo ofrece todo para que los más no tengan nada

Ya he escrito sobre él, pero nunca desde este punto de vista, ni de la influencia que ejerció, como filósofo, en tantos intelectuales.

Pierre Vidal-Naquet

El escritor francés Pierre Vidal-Naquet confesó que Discépolo cayó en sus manos por unos amigos americanos. Leerlo produjo un hecho inesperado: en su agudo estudio del revisionismo neonazi en la Europa contemporánea, hace pocos años –“Les assasins de la mémoire”- introdujo la letra completa de Cambalache y dijo: -No fue una idea descabellada. La imagen creada por Discépolo como escenario de la insolencia, de la confusión de valores y desacralización me pareció la más adecuada para sellar mi texto de denuncia.

Jean Paul Sartre

Hoy se sabe que Jean Paul Sartre conoció la obra del argentino y que su frase “la vida es un paréntesis entre dos nadas” fue inspirada por su poesía, más allá de que el propio Discépolo –conjetura respetuosa del padre del existencialismo- logró una mejor síntesis del drama de la soledad y la angustia que causa.

Camilo José Cela,

Camilo José Cela, antes de su primera novela, “La familia de Pascual Duarte”, aceptó que sabía casi toda la obra de Discépolo y lo tenía entre sus poetas y hombres de teatro preferidos.

Ernesto Sábato

Ernesto Sábato admitió que se identificó profundamente con la filosofía pesimista de Qué vachaché, el segundo tango escrito por el prolífico narigón.

Esta noche me emborracho, tras el fiasco inicial y la resurrección ocurrida luego de cantarlo Azucena Maizani, fue triunfal en Europa y gozó de gran popularidad en España, en la época de Alfonso XIII, que lo escuchaba con frecuencia, rodeado de sus asesores.

Discépolo se transformó en el ideal de Antonio Machado –hombre profundo y reposado, según Eduardo Pérsico- al sentenciarlo así: -La felicidad de un poeta está en que se convierta en copla. Una copla que la repita el pueblo, sin cesar.

Goya

Y en otro sitio, espejo de este ámbito, anida la admiración de Discépolo por Goya y, sobre todo, por sus “aguafuertes” o “caprichos”, de una magnifica fuerza pictórica, donde el artista fijó en colores la vida misma y representó, en particular, los fusilamientos del 2 de marzo de 1808; a un lado, Goya escribió: “Los sueños de la razón producen monstruos”; como replicándolo, en Tormenta Discepolín exclama: –Yo siento que mi fe se tambalea,/ que la gente mala vive… ¡Dios!/ mejor que yo.

A Goya le llamaron loco.

¿Una locura igual, quizás, a la de un Discépolo reinventándose cada noche de sus visitas a un difuso bar llamado “Lágrimas, flores y sonrisas”? Y que cuando alguien le preguntaba si no estaría ingresando al “macaneo”, respondía: –Ojo, que yo no invento mentiras. Lo mío es un ejercicio de imaginación para reinterpretarme cada vez que pueda, pero siempre sin olvidar a los otros.

Días antes de morir, el autor de Cafetín de Buenos Aires confesó: –Una canción es el mundo y también un pedazo de mi vida, un traje que anda buscando un cuerpo que le ande bien. Cuanto más cuerpos haya para ese traje, mayor será el éxito de la canción, porque si la cantan todos es señal de que todos la viven, la sienten, les queda bien.

Para el final, un detalle no menor: Discépolo dice que “el mundo fue y será una porquería, en el 506 y en el 2000 también”.

¿Por qué la referencia al 506?

Fue cuando Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, luchó contra el romano Odorico, lo mató y se apoderó de Italia. Y también asesinó a Anicio Maulio Severino, primer filósofo de los escolásticos.

Un genio, Discépolo.

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