La aventura del tango: LA TROUPE ATENIENSE

La Troupe Ateniense fue un hito de la cultura popular.

Basta una anécdota ocurrida durante una de sus presentaciones en Buenos Aires para demostrar su éxito. Ese día, a la tarde, se corrió el Gran Premio Argentino de Turf; por tal razón al teatro concurrió gran cantidad de compatriotas vinculados a la hípica. Debió apelarse a una gestión urgente del embajador uruguayo para que el último servicio del vapor de la Carrera saliera a la una de la madrugada, de modo que la Troupe pudiese agregar una función fuera de programa.

Es verdad histórica que la relación de este grupo con el tango  fue relativamente indirecta.

La Troupe Ateniense, que tuvo tres etapas muy definidas y cuya sede original fue el café Welcome, en 18 de Julio entre Julio Herrera y Río Branco, encabezó el movimiento de grupos teatrales estudiantiles de vanguardia, muy popular en Uruguay entre las décadas de 1910 y 1930 (otras, notorias, fueron Oxford, Un real al 69 y La Medicial Bolshevikis Troupe). Se formó a comienzos de 1922 por impulso de unos estudiantes de Derecho; su nombre –inestable al principio, pasando de Troupe Jurídica hasta Troupe Ateniense Jurídica- no refiere a la Atenas griega sino al club de baloncesto homónimo, del cual algunos integrantes formaban parte, fundado cuatro años antes en la zona del Parque Rodó.

Sin embargo, varios tangos de notoriedad fueron incorporados a los espectáculos y, lo que es más importante, hubo unos cuantos miembros de la Troupe que crearon otros que han vencido al olvido.

Gerardo Mattos Rodríque

Hay que recordar a Gerardo Mattos Rodríguez, juvenil autor de la inmortal La cumparsita, y mencionar a continuación, entre otros, temas como Bordador de cielos (Ramón Collazo), Garufa y Niño bien (ambos de Víctor Soliño, Juan Antonio Collazo y Raúl Fontaina), Maula (Soliño y Adolfo Mondino), Adiós mi barrio (Soliño y los hermanos Collazo), Mocosita (Soliño y Mattos Rodríguez), Mama, yo quiero un novio (Ramón Collazo y Raúl Fontaina) y Pato (Ramón Collazo).

Vale la pena echar una mirada sobre la lista, que admito incompleta, de quienes formaron parte de la histórica troupe desde su debut, el 11 de octubre de 1923 –primera  etapa que se detuvo a inicios de 1930-, hasta su desaparición definitiva en 1956: Raúl “El loro” Collazo y su hermano Juan Antonio, Raúl y Roberto Fontaina, Raúl Barbero, Leopoldo Artuccio, Benigno Anido, Alfredo Basso, Arturo Bettoni, Manuel Bavio Maeso, Julio César Canessa, Ismael Balzarena, Julio César Benítez, César Gallardo, Pancho Castelgrande, Daniel García Capurro, Gerardo Mattos Rodríguez, Alberto Gómez, el popular cantor Alberto Vila, José Enrique De Feo, Yayo Hughes, Alfredo Inciarte, Francisco Martella, Carlos y José Mora Otero, el luego notorio relator de fútbol Lalo Pellicciari, Víctor Soliño, Guillermo y Jorge West, Carmelo Imperio y Salvador Granata.

La Troupe Ateniense solía estrenar sus espectáculos en primavera, compuestos de breves escenas cómicas y partes musicales, abiertamente paródicos y que ironizaban sobre personas y circunstancias cotidianas. Como todos sus integrantes eran hombres, para algunas obras asumieron audazmente el travestismo. Debutó en el Teatro Coliseo con ¿Estás ahí, Montevideo?, cuya repercusión popularizó entre los montevideanos, al encontrarse, la expresión “¿estás ahí?”. Fueron grandes impactos de taquilla, además, Tut Ank Hamón (1923), Oh, las savages (1924), El marajá de Akadhejala (1925), Romeo y Julieta (1926), Los tres mosqueteros (1927), Ñanduty (1929) y Centenariola (1930). Tras la interrupción de sus presentaciones precisamente en 1930, durante los dos años siguientes, con algunos cambios de elenco, Ramón Collazo rearmó la Troupe para ofrecer el Salón de Harte Ateniense, una descripción caricaturesca de las corrientes culturales de la época, considerada uno de los trabajos vanguardistas de la “parodia verbo visual”. Finalmente, el grupo retornó, de nuevo de la mano de “El loro” Collazo, en 1940, con unos pocos de los fundadores y varios actores y músicos contratados para la ocasión; por ejemplo, Lalo Etchegoncelay y Mario Orrico. El telón bajó, ya sin remedio y con pena del público, en 1956.

Quizás una simple imagen defina más que el discurseo y la acumulación de datos, el espíritu de la Troupe Ateniense, al margen de su invalorable aporte al tango: en una obra una gitana bailaba La danza del fuego al estilo de Carmen Miranda –una absoluta extravagancia- alrededor de un primus al que, de tanto en tanto, había que destaparle el oído y darle bomba.   

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