EL PENSADOR: como el cuento de Paco

Por Antonio Pippo

Este cuento sirve para describir, como una metáfora desoladora, aquellas campañas políticas prelectorales donde todos los candidatos parecen convocados, precisamente por confusión, a exponer el mismo día y la misma hora sus propuestas para mejorar la situación del país.

De algún modo, como ha ocurrido en el pasado, algo así está pasando ahora, al menos si observamos los enunciados generales que brotan de las principales figuras políticas, sean del partido que sean.

Una cosa –en palabras de Russell- “demasiado abotonada, demasiado encorsetada, demasiado impecablemente rasurada” para abordar la realidad, desmenuzarla y darle a los ciudadanos más que una generalización desde la cual es imposible salir aplicando el análisis lógico, la racionalidad, ni siquiera el sentido común. La visión global que uno echa a semejante escenario devuelve la convicción de que reina la superficialidad y el deseo de salir de incómodos reclamos e interrogantes con la vieja y querida filosofía de tablón de las frases hechas.

Sin embargo, hay, cuando uno analiza los dichos de cada uno de los precandidatos a las internas –y los dichos de aquellos que se anticipan dándose a sí mismos el seguro lugar del ganador-, otro problema mayor.

Ya escribí la semana anterior acerca de la epidemia de diagnosis y la falta de propuestas claras, sustentables, que enrarece el aire de la campaña y que sale del aliento de esos precandidatos. De todos. No se salva nadie. Pero no voy a redundar acerca de este terco problema que tenemos, los contribuyentes, delante de nuestro rostro.

He detectado que si uno se preocupa de archivar frases de campaña de cada uno de estos actores, oídas en vivo, leídas en prensa escrita o escuchadas en encuentros públicos o en audiciones radiales o televisivas, debajo de la alfombra plural del “nosotros sabemos cómo resolver esto”, bullen cucarachas de los más destartalados desacuerdos al impulso de dos motores: la ignorancia –no admitida- y la comezón escandalosa de la competencia y el irrefrenable y poco digno deseo de ganar a cualquier precio, tampoco aceptada como responsabilidad por la que responder.

En el Frente, ¿acaso Oddone, Cosse, Andrade y Bergara, por ejemplo, tienen el mismo pensamiento sobre el déficit fiscal, la inflación, el desempleo, la seguridad, la educación, la previsión social y la seguridad? Claro que no. Lo mismo acontece entre los blancos Lacalle Pou, Heber o Sartori –bueno, éste es un caso para una convención de psiquiatras-, Antía y no sé quién más. Y también es una verdad en el Partido Colorado de Sanguinetti, Bordaberry, Amorin Batlle y pido perdón, lector, por mi incapacidad de recordar a los que siguen, si es que los hay. Obvio que esta patética obra teatral sin guionista es representada incluso entre los de las columnitas flaquitas, ínfimas, de las encuestas.

No existen, en ninguna de las tribus, aquellos dos, cuanto menos, que hayan hecho públicos, contundente, sonoramente, sus acuerdos.

Por ahora, y así durará… ¿hasta cuándo?, flotamos en una suerte de mundo anfibio; nos cuesta tener la cabeza sobre el agua pero si nos hundimos no pasa nada: la política nos ha hecho desarrollar branquias.

¿Y después, cuando llegue la brava?

-¿Tendrá usted, señor candidato, un programa?

-Pues claro, hombre, aquí está impreso prolijamente.

-No. Eso ya lo leí. Y parece el cuento “!Qué lástima¡” de Paco Espínola, donde dos tipos se emborrachan de tal manera que, al salir cambian sus identidades sin darse cuenta y cada uno se va tambaleando convencido que es el otro. Le estoy pidiendo un programa claro, con las soluciones a los problemas que a todos nos inquietan.

-Ya le dije. Ahí está. ¿Es que usted no entiende?

-Bueno… quizás. Sólo terminé Primaria. Y dígame… ¿por lo menos seguiremos teniendo planes sociales, promesas de obras y tarjetas de plástico?

-Caramba… ¡delo por hecho!

-¿Y eso otro de la inflación y el déficit fiscal, y los impuestos, y…?

-¡Pare, pare! Tampoco somos Mandrake… Confíe, amigo, confíe. Si lo hicimos una vez lo podemos volver a hacer… ¡Ni que estuviésemos en Gabón, donde vivir, mire usted, es mucho más complicado!


Descubre más desde LA AGENCIA MUNDIAL DE PRENSA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

"¡Tu opinión es importante para nosotros! ¡No dudes en comentar!"