Extracción en Fuerte Tiuna y cuando la seguridad corre a la primera detonación…

Extraction at Fuerte Tiuna and when security runs at the first detonation…

SANTOS MIGUEL GONZALEZ. Escritor, editorialista, geopolítico mordaz. PRENSA ESPECIALIZADA

The first rumors began circulating at 2:01 a.m., spreading with the usual speed of cell phones: something serious was happening at Fuerte Tiuna. Some whispered a word that in Venezuela always sounds like political fiction: capture. Others simply spoke of chaos, of a different night, of a silence too thick.

En medio de ese desconcierto, la seguridad —esa que siempre se exhibe como férrea— parecía haber sido sorprendida por su propio miedo. Fuerte Tiuna, concebida como fortaleza inexpugnable, mostró de pronto su costado más humano: el nerviosismo. El poder, cuando se cree eterno, suele confiar demasiado en muros que no piensan y en hombres que sí calculan.

In the midst of that confusion, security—that which always displays itself as ironclad—seemed to have been caught off guard by its own fear. Fuerte Tiuna, conceived as an impregnable fortress, suddenly showed its most human side: nervousness. Power, when it believes itself eternal, tends to trust too much in walls that don’t think and in men who do calculate.

El Caribe como espacio estratégico en la geopolítica contemporánea.

Maduro había apostado a la idea de invulnerabilidad. Rodeado de uniformes planchados, cámaras obedientes y juramentos repetidos, se sentía a salvo. Tan a salvo como quien juega con fósforos en un almacén de paja, confiando en que el incendio siempre le ocurrirá a otro. Hasta que una detonación —real o simbólica— sacude la escena y recuerda la vieja advertencia: no se juega con fuego.

Maduro had bet on the idea of invulnerability. Surrounded by pressed uniforms, obedient cameras, and repeated oaths, he felt safe. As safe as someone playing with matches in a hay warehouse, trusting that the fire will always happen to someone else. Until a detonation—real or symbolic—shakes the scene and recalls the old warning: don’t play with fire.

Aquella primera explosión no parecía diseñada para destruir, sino para desorientar. Más que daño estructural, produjo un efecto psicológico: el orden se desarmó, la cadena de mando se diluyó y el orgullo militar quedó suspendido en el aire, como humo espeso.

That first explosion didn’t seem designed to destroy, but to disorient. More than structural damage, it produced a psychological effect: order unraveled, the chain of command dissolved, and military pride hung in the air, like thick smoke.

En cuestión de instantes, los guardianes se dispersaron. No hubo heroísmo ni épica, solo cálculo individual. La seguridad, tantas veces presentada como blindaje absoluto, se reveló como un decorado de carnaval: mucha escenografía y poca convicción cuando el guion cambia.

In a matter of instants, the guardians scattered. There was no heroism or epic, just individual calculation. Security, so often presented as absolute armor, revealed itself as carnival scenery: lots of staging and little conviction when the script changes.

El supuesto reino seguro se transformó entonces en un escenario incómodo. No necesariamente de captura —eso lo dirá la historia—, pero sí de humillación política. El hombre habituado a la propaganda y al teatro descubrió que, cuando el telón cae, el actor queda solo frente a sus miedos.

The supposed secure kingdom then transformed into an uncomfortable stage. Not necessarily one of capture—that will be told by history—but certainly one of political humiliation. The man accustomed to propaganda and theater discovered that, when the curtain falls, the actor is left alone facing his fears.

Mientras tanto, el Caribe observaba. Bases, radares y rutas estratégicas funcionaban como piezas silenciosas de un ajedrez mayor. Puerto Rico, siempre discreto en estos relatos, aparecía como punto de referencia logística, recordándonos que el poder global rara vez actúa con prisa, pero nunca improvisa.

Meanwhile, the Caribbean watched. Bases, radars, and strategic routes functioned as silent pieces in a larger chess game. Puerto Rico, always discreet in these tales, appeared as a logistical reference point, reminding us that global power rarely acts in haste, but never improvises.

La lección es tan vieja como cruel: no importa cuántas barreras construyas ni cuántos soldados te rodeen. Si la lealtad es frágil y la seguridad una ilusión, la fortaleza más blindada puede convertirse en un escenario de vergüenza.

The lesson is as old as it is cruel: no matter how many barriers you build or how many soldiers surround you. If loyalty is fragile and security an illusion, the most armored fortress can become a stage of shame.

Porque la traición no necesita discursos ni trompetas. Se cocina en silencio, en pasillos alfombrados y oficinas con aire acondicionado, donde la lealtad dura exactamente lo que dura la conveniencia. Algunos no están de viaje ni en giras diplomáticas: están simplemente ganando tiempo, observando cómo los muros tiemblan y cómo el poder, cuando se resquebraja, deja a los suyos a la intemperie.

Because betrayal doesn’t need speeches or trumpets. It simmers in silence, in carpeted hallways and air-conditioned offices, where loyalty lasts exactly as long as convenience does. Some aren’t on trips or diplomatic tours: they’re simply buying time, watching how the walls tremble and how power, when it cracks, leaves its own exposed.

Y en algún despacho lejano, figuras del poder global observan con una sonrisa fría. No por venganza, sino por confirmación: incluso los imperios de barro terminan cediendo bajo su propio peso. Y casi siempre, la implosión interna resulta más devastadora que cualquier detonación externa.

And in some distant office, figures of global power observe with a cold smile. Not out of revenge, but confirmation: even empires of clay end up yielding under their own weight. And almost always, the internal implosion proves more devastating than any external detonation.

Al final, la lección permanece intacta: no importa cuán blindado te creas ni cuántos ejércitos te escolten. La traición siempre encuentra una puerta, y el humo del reino se disipa con la primera sacudida que nadie quiso ver venir.

In the end, the lesson remains intact: no matter how armored you think you are or how many armies escort you. Betrayal always finds a door, and the smoke of the kingdom dissipates with the first shake that no one wanted to see coming.


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