La aventura del tango:CUERDAS DE ORO

Esto lo dijo Néstor Pinsón: –Su unión con Pichuco los potenció a ambos; dejó para la historia al Grela más emotivo y al Troilo más inspirado. Con el tiempo, Roberto intentó un dúo con Leopoldo Federico y no resultó igual. Troilo con Grela fue una unión única e irrepetible. Se consustanciaron emocionalmente y crearon, al tocar, una suerte de ensoñación.

Una definición precisa de una parte esencial de la trayectoria de quien, para muchos, ha sido el mejor guitarrista de tango hasta hoy: Roberto León Grela –nacido en Buenos Aires el 28 de junio de 1913 y fallecido en la misma ciudad el 6 de setiembre de 1992-, que pasó casi toda su vida afincado en San Telmo o cercanías.

¡Cómo no iba a ser músico! Desde que nació escuchó a su padre y a uno de sus tíos, que formaban el dúo “Los Hermanos Belpasso”, desgranar con sus mandolinas tangos, valses, milongas, estilos y zambas. Allí anidó la causa, además, de que el primer instrumento que aprendió a tocar, muy pequeño y de oído, en tertulias organizadas por sus tíos Juan y Octavio, fuera la mandolina. Empero, cuando tenía apenas siete años, Manuel Parada, un amigo que frecuentaba la casa natal, lo persuadió de cambiarla por la guitarra.

Hay un dato que no todos conocen: Grela siempre fue “orejero” –tocó de oído sin jamás aprender música-; perteneció a esa generación tan rica de autodidactas de la que formaron parte Guillermo Barbieri, Rafael Iriarte y Rosendo Pesoa, entre tantos otros. Y siempre usó una púa de carey para la digitación, hábito que le fue criticado por los puristas, a lo que él respondía, sin enojo: –No me importa lo que digan, porque sólo así logro el sonido que puede emocionarme.

Debutó como profesional en 1930, acompañando al ya consagrado Roberto Maida en la radio LR3. Luego trabajó con Charlo, incluyendo presentaciones en Montevideo, en el desaparecido cine Justicia, y, a lo largo del tiempo, con los principales artistas del género en sus mejores momentos: Jorge Casal, Osvaldo Cordó, Fernando Díaz, Agustín Irusta, Alberto Marino, Héctor Mauré –con quien también vino varias veces a nuestra capital-, Nelly Omar, Edmundo Rivero, Alberto Podestá, Tito Reyes y Jorge Vidal. A principios de la década de 1950, influido por Abel Fleury, incursionó brevemente en el folclore litoraleño argentino y hasta en el jazz y los ritmos brasileños; es más: llegó a formar un ecléctico conjunto llamado “Los American Fire”. Esa etapa se pareció más a unas vacaciones inesperadas, con pronto regreso, que a un cambio de sus preferencias musicales.

Claro, ocurrió algo que le cambiaría la vida: en 1953 Aníbal Troilo lo convocó para tocar con él en el sainete de Cátulo Castillo “El patio de la morocha”, en el actual teatro Alvear. Pichuco representaba a Eduardo Arolas y quiso que Grela lo acompañara en La cachila; el éxito fue tal que debieron cumplir con varios bises y ese tema se convirtió en el número principal de la obra. Así nació un dúo que hizo múltiples grabaciones, se presentó en radios, teatros, cabarés y canales de televisión y que, en bandoneón y guitarra no acepta comparaciones y construyó un antes y un después en la riquísima aventura del tango.

Hubo, participando ambos, aunque no solos, un espectáculo excepcional que sería una picardía no recodar: en 1962, Grela participó con su amigo Troilo, Edmundo Rivero, Enrique Mario Francini, Horacio Salgán, Ciriaco Ortiz y “Kicho” Díaz, en el Colón, del monumental espectáculo “Tango”, que significó el ingreso formal, oficial, de la música popular ciudadana al templo del clasicismo porteño.

Para Roberto Grela no hubo fronteras: participó de la película “Buenas noches, Buenos Aires”, dirigida por Hugo del Carril; formó “La Trova Porteña” con Raúl Garello, María Cristina Láurenz y Horacio Ferrer en “El gato cojo” de San Telmo y “Caño 14”, en la calle Uruguay; y en 1980 fue miembro de la orquesta estable de Canal 11 dirigida por Osvaldo Requena.

¡Y qué compositor! Le pertenecen Viejo baldío (letra de Lamanna), Callejón (Marcó), A San Telmo (Ayala), Las cuarenta (Gorrindo), los instrumentales Color gris, Serenata a mi guitarra, De punta y taco y Amarga despedida, el vals Bendito y Mi zambita (Ferrer) y tres temas poco conocidos con letras de Ferrer y Garello: Celedonio Bécquer, Danzón de la chiflada y Tristería.

Dejó escrito Horario Ferrer: –Fue un artista de sensibilidad exquisita y rara capacidad musical, que asimiló a su instrumento el fraseo brillante y ligado de la mejor tradición del bandoneón.    

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