
Buenos Aires parece haberse convertido en el sitio ideal para el renacer de las palomas. Sencilla metáfora que sólo quiere dar destaque a la aparición, en el tango, de muchas mujeres -desde jovencitas hasta personas que recién a los cuarenta años alcanzan la popularidad- luciendo hermosas voces.
Ya he destacado aquí los casos más resonantes o recientes. Hoy es el turno de Karina Levine, mujer que hoy atrae a públicos diversos luego de una larga y sacrificada carrera, que comenzó al fin de su niñez con estudios de música y danza contemporánea, clásica y jazz, egresando del Conservatorio Buenos Aires, la Escuela Nacional de Danza y el Teatro General San Martín.
Pasa bastante agua por debajo del puente de su vida, hasta que en 1979,aún muy joven, da curso a una verdadera carrera, muy ecléctica por cierto: participa del Ballet de Danza Contemporánea, aparece en el semanal “Festilindo”, emitido por Canal 13 y protagoniza la comedia musical de Pepe Cibrián “Hay fiesta en el conventillo”, con Jorge Luz y Jorge Porcel. Siguen sus apariciones esporádicas hasta que en 1991, Cibrián la elige para su famosa comedia musical “Drácula”, de sostenido éxito.
Tres años después, la alcanza la miel de la resonancia internacional y realiza varios viajes al exterior. En 1996 se radica en Mar del Plata y da inicio a su carrera solista, pero con la característica de dar prioridad al tango pero incorporar a su repertorio, temas del criollismo, del bolero y del jazz. En al año 2000 despliega todo su talento, quedándose más en el tango ciudadano, recorriendo ciudades de España y de Alemania. Retorna y arma el espectáculo “Hola Tango” para recorrer varias provincias de su país y en sitios notorios de la capital. Inquieta, creativa, seductora en sus presentaciones, con una gestualidad cuasi perfecta de acuerdo a cada tema, escribe y realiza “Tango contra Tango”, con un exquisito repertorio que la mayoría de cantantes envidiaron su naturalidad para hacerlo. En el verano de 2008, vuelve a renovar ese admirable repertorio, como impulsada por un envión emocional y la necesidad de sorprender a un público que la seguía y era cada vez más numeroso, y lo cambia totalmente: “Gotango… sin soda”.
Desde entonces, ha seguido su ruta oscilante pero siempre crecida en la admiración ajena. Hoy, ya con semejante recorrido, es un placer muy especial oírla en un espectáculo solista, acompañada siempre por algún pianista reconocido y un bajo de fama entre los jóvenes. Es claro que no deja detalle sin prever.
Al lector le recomiendo que la busque en la red. Hay actuaciones de diversos años y usted mismo puede confirmar -o no- todo lo que le he dicho y sugerido antes.
Después me cuenta…
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