EL PENSADOR: ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Por Antonio Pippo

Un señor conduce un auto por un pueblo inglés y comprende que se ha perdido. Detiene el coche, desciende e ingresa a una tienda, donde hay una persona de espaldas.

-Buenas tardes…

-Buenas… -le responde el otro sin darse vuelta.

-¿Conoce usted la forma para llegar a Winchester por el camino más corto?

-¿Winchester…? -responde el interlocutor-

-Si…

-¿El camino más corto?

-Eso es…

– No sé.

El que hablaba quizás deseaba aclarar la naturaleza de la pregunta, Pero no tenía el menor interés en contestarla.

Esto es exactamente lo que la política uruguaya contemporánea hace con los ciudadanos que más se afanan en busca de la verdad. O, siquiera, en busca de explicación de los tristemente famosos planes de gobierno que se van anunciando.

Estamos viviendo, precisamente, uno de esos tiempos, con un gobierno recién asumido pero verbalmente copioso y usando un lenguaje pobre, que aleja los detalles fundamentales del legítimo interés social.

No es una cuestión nueva. De hecho, yo he pecado de redundancia al tratarla desde hace tiempo. Es triste, pero lo esencial no cambia.

Esta columna es apenas una sugerencia, a la que no alumbra demasiado optimismo.

¿Es la educación un problema esencial del país, tan reconocido por todos como supuestas nuevas ideas traen los recién llegados? Por supuesto.

¿Es la atención de la salud otro problema de singular importancia para la sociedad, que está recibiendo el aporte de frescos planes para resolver los entuertos que lo complican y sostienen? Por supuesto.

¿Pasa algo similar con la inseguridad, con el creciente desempleo, con la falta de viviendas dignas en múltiples sitios del país y, hoy sobre todo -tal vez por el envejecimiento peligroso de la sociedad-, con la situación de la seguridad social o con el crecimiento del narcotráfico? Por supuesto.

Bueno, pues para todos estos espinosos asuntos se vienen anunciando planes.

Lo único que me falta decir -porque el lector conoce la esencia de mi pensamiento en esto- es que el bloque social sigue recibiendo palabras insustanciales y hasta mentirosas, que no aclaran en modo alguno la forma, el mecanismo, la financiación y los plazos en que se obtendrá, en cualquiera de los planes, algún precario éxito.

Mientras la política no tenga capacidad o sana intención de usar nuestro rico lenguaje para que la gente advierta realmente lo que pasa, seguiremos el camino descendiente hacia la degradación, al tiempo paralelo de pensar que nuestro presente -¡ni qué hablar del futuro!- es el pasado.

Raro que todavía no hayan comenzado las grandes manifestaciones con pancartas.


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