EL PENSADOR: La actuaLidad en los Boliches

Por Antonio Pippo

Me fui al viejo boliche de Colonia y Paraguay y lo hallé cerrado. Así está, en realidad desde hace años. Di unas vueltas y admití mi falta de información acerca de cuestiones relevantes.

En fin. Busqué otro, cercano –no voy a revelar sitio ni nombre porque ya no hago más publicidad a canje- y donde supuse que hallaría a alguno de mis antiguos contertulios. Bueno, bah, el codillo.

Había varios apoyados en el mostrador y la charla, por la gestualidad que observé mientras me acercaba, parecía entretenida.

¿Estarían hablando de candidaturas, del déficit fiscal, del desempleo, de la educación, de la inseguridad, las elecciones municipales o de la suerte (iba a decir otra cosa, pero me arrepentí) que ha vuelto a bendecir al equipo de fútbol de múltiples amores?

No. Discutían acaloradamente sobre los premios, cuyo regreso se anuncia, que se entregan a figuras de radio y televisión.

Me senté –luego de esperar cinco minutos que me dieran bola- y dudé si no habría sido un error y debía irme calladito o, como pensador no sólo relevante sino con las pelotas bien puestas que soy, aceptar el desafío.

-Para mí –dijo uno, adobado con un vino de color raro que bien se podía confundir con alcohol azul- el premio a “Míster Enchufe” es una fija…

-Master Chef, pelotudo… -corrigió un entendido, que luego me enteré es el pizzero jubilado del ex Manchester.

-Se’ gual…  La cosa es que esos tipos, bueno, y tipas, manejan comida, loco… Están en la buena onda: piensan por la gente que morfa poco y mal…

-Ta’, no hablés más, diluido neuronal –apuntó otro, que parecía instruido, alumno, al menos, de Salle. –A mí lo que me impresiona es que se habla de políticos como Andrade, el bolche barbeta… Ahora anda por radios y televisoras con pinta de laburante prolijo, ubicado, nada de lujo…

-Vestido como albañil de obra –le contestó uno que habló después de tragarse una copa entera de grapa con helecho.

-¿Y qué, mejillón de wáter? –contraatacó el primero. -¡Mirá si hay que ir vestido por El Pelado Klen a un morfe donde siempre te premian a cualquiera, errándole feo…!

-¡Calvin Klein, ameba mental! Y si se llegan a repetir, en estos premios corre tu hermana, que además no es premiable, es un regalo…

-Se’ gual… -fue la respuesta de la bestia, demostrando que no había entendido la fina referencia a su hermana.

Alguien carraspeó. Señal que quería poner orden y levantar el nivel del debate, que ya había pasado de los sótanos idiomáticos y culturales: -Yo me sentí reconfortado porque hubo una vez en que premiaron a Petinatti y a Petru, porque eso es justo y sabio: son los mejores y se dio importancia al humor. ¡Si no nos salva el humor en este país…! Ah, cómo extraño a Cacho de la Cruz…

-Lo momificaron… -Todos miraron a quien pasó tamaño dato.

Aprovechando el silencio que brotó inesperadamente, durante el cual revisaron a quien había hablado como si fuera uno de los que esperan que Cavani haga un gol antes de retirarse de Boca, me ajusté el saco y tosí. Era la mía.

Entendí que ya no podía rehuir la conversación y agraviar a los presentes con el desprecio del silencio. Entonces las miradas vinieron a mí.

-Verán… La verdad, tengo pocos datos. Me enteré de la iniciativa por versiones de la prensa. Y, no puedo mentir, hubo algo que me afectó, qué digo, me entristeció, casi me angustió (y con un gesto que recordé de Candeau me tapé los ojos con una mano…).

Hablando de ojos, los que allí había, menos los míos, obvio, se abrieron con desmesura, esperando la revelación. A ver: mi fama de pensador ha trascendido la frontera de cualquier boliche. Así que…

-Lo que es increíble es que hasta ahora estos hijos de la madre no hayan premiado con algo, aunque fuese unos alfajores, a Alfredo García…

El coro hizo temblar el techo: -¡¿El director del semanario ése en el que vos escribías boludeces…!?

-Sí…

-¿Premiarlo por qué? ¿Por qué no se saca nunca en televisión esa remera negra de viejo monaguillo que se pone…?

-No sean irrespetuosos. Eso es moda, estilo… Yo digo por la tolerancia, la paciencia de aguantar todas las semanas como antes al enano obeso Camino… ¿Saben lo que es eso, manga de prehomínidos?

Entonces arrastré la silla, me levanté y, aprovechando la sorpresa general, exclamé:

-¡Te comprendo, Alfredo! Como para no andar todos los días con cara de culo… ¡Yo sé lo que estás pasando! Si vivieran Alberto Migré o Corin Tellado…

Y me fui a la mierda, porque esto fue peor que lo de la contaminación de la maderera UPM.


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