Por Antonio Pippo
Confieso mi hartazgo, creo que ya lo hice hace poco tiempo, por el comportamiento de la política de nuestro país.
Sus integrantes, en general, son inmunes a la influencia del lenguaje habitual, tanto como de las ideas surgidas de la ciudadanía para que la situación nacional mejore.
Por tanto, me he permitido hoy una cierta picardía, o ironía, no lo sé bien, argumentando para que los políticos y los ciudadanos no demasiado pensantes vean en lo arcaico soluciones que quizás ayuden al cambio.
Son dos ejemplos. Que les hagan pensar. (Ahora creo que es un acto mío de desesperación).
Según la más conocida de las historias del antiguo Egipto, El dios GEB, que representa la tierra, tuvo como padre al dios RA -el dios en el cenit-, el dios supremo, la forma principal del ser. Antiguas versiones dicen que RA logró crear a SEB y también a la diosa NUT (el cielo), masturbándose o expectorando. Es una versión ingenua pero se basa en que las divinidades sólo podían nacer de una sustancia del dios supremo.
GEB y NUT fueron luego separados por SHU, el dios de la atmósfera. Pero de la unión de SHU, GEB y NUT vinieron al mundo OSIRIS, ISIS, SETH y NEFTIS. Luego, con la llegada de PTHA quedó una celebrada formación de un grupo de ocho dioses.
Es decir, hubo consenso, acuerdo. ¡Qué bueno!
Pero hay otra versión: sería alrededor del dios PTHA que los antiguos egipcios crearían la Primera Dinastía en MEMFIS, capital de los faraones. PTHA fue proclamado el más grande entre los ocho dioses, aunque ellos, en un plano menor, sobrevivieron.
¿No siente, lector, en esta segunda versión un olorcito a macana autoritaria?
En el segundo caso, aparece el dios védico SOMA, clarividente, inteligente, sabio, victorioso, generoso y un montón de virtudes más. Por alguna razón nunca bien explicada, SOMA se convierte en una planta y luego en una bebida sin perder su ser. Y parece que luego se prueba que el soma (la bebida) estimula el pensamiento, reanima el valor del guerrero, lo beben en común los dioses y los sacerdotes y de este modo sienten que aproximan el cielo a la tierra, se reforma y prolonga la vida y se aseguran la fecundidad y la certidumbre de la inmortalidad.
Para cerrar esta idea, hay que advertir que SOMA, según la versión más difundida, toma de más de su propia bebida y expresa, en un discurso final: “He dominado el cielo por mi estatura, he dominado la ancha tierra… Voy a herir con fuertes golpes esta tierra… He rozado el cielo con mis alas… Soy grande, grande, me he lanzado hasta las nubes. ¿Acaso no he bebido suficiente como para que alguien se atreva a detenerme?”.
¡Pah…! Pensar cuántos milenios han pasado desde entonces y cómo se parece este arcaico borracho a tipos como Ortega, Maduro, Morales y tantos otros, en este caso aspirantes, que sueñan con lo mismo.
¡Dios nos libre y nos guarde!
Los aludidos, ¿habrán entendido algo?
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