Por Antonio Pippo
A riesgo, como tantas veces, de ser considerado un amante de la redundancia, creo en la posibilidad viable de expandir una idea aportando, en sucesivas columnas, nuevos aspectos del tema básico para expandir la reflexión social.
O sea la música, en todas sus variedades, como parte de una educación global que inicia en la familia y en la pequeña infancia y ayude a construir individuos más creativos, respetuosos, tolerantes y bien dispuestos a la benevolencia.
En la columna anterior, describí una experiencia muy exitosa que en esta dirección se desarrolla desde hace décadas en Finlandia y sería posible aquí. Quien no la haya leído, lo lamento; si le interesa lo que sigue deberá buscarla, cosa nada difícil.
Esa experiencia, que de un modo muy bien organizado y desarrollado sobre todo en barrios de ciudades o localidades sin pretensión de metrópolis, lo primero que requiere son músicos capaces de tocar no sólo lo clásico, sino también lo popular, para dar forma al plan, despegarlo y, en especial, tener contacto con la mayor cantidad de población posible.
Hoy iba a detenerme en algún ejemplo, para que se me entendiera mejor. Pido disculpas, pero elegí a un músico argentino, no porque sea superior a los uruguayos en su misma condición, sino para quitar el molesto polvo que se levantaría aquí -basura política e ideológica- que prefiero evitar.
Joel Tortul nació en Santa Fe, en 1986. Está conceptuado como el pianista solista joven más talentoso de los últimos tiempos en Argentina. Desde niño, ama la música y no ha dejado de perfeccionar sus cualidades con los mejores maestros. Su formación es clásica y, desde esa base, recurre constantemente a lo popular. Ha viajado por todo su país y por el exterior y ha expandido su aporte, tras una inicial carrera solista -que no ha abandonado- creando un cuarteto, integrando cuerdas, batería y bandoneón, y finalmente un trío, “Joel Tortul Trío”, sólo acompañado por Diego Ferreira en contrabajo y Pablo Rodríguez en percusión y batería.
Tortul, un exquisito del piano, grabó su primer CD, “Impulso de tango”, como solista. En el segundo, “Punto vivo”, ya apareció el trío.
Según los entendidos, en lo clásico está a la altura de los mejores y en lo popular -tango, criollismo, jazz y hasta cierto tipo de rock bluseado- un innovador que introduce una nueva estética y libertad sonora que han hecho la diferencia. Admira tanto a Chopin, Vivaldi y Bach, como a Piazzolla, Pugliese, Troilo, Mores, Yupanki y Falú.
Volviendo a nuestro suelo, estoy persuadido que aquí, para el tipo de plan educativo general a través de la música, hay muchos artistas populares que podrían colaborar.
Yo sólo quiero que el lector siga reflexionando sobre esto y que la idea crezca con múltiples aportes.
Sugiero, para que se entusiasme, que escuche al joven Tortul, solo en el escenario de un gran teatro repleto, tocar con su particularísimo estilo “Ojos negros” de Vicente Greco y “Romance de barrio” de Troilo. Están en You Tube.
Yo lo hago con frecuencia, sobre todo en momentos de inquietud o preocupaciones, y de inmediato siento admiración, claro, pero también una conmovedora emoción que me llena de serenidad y hasta me saca algunas lágrimas sanadoras que deben liberarse.
Al cabo, alcanzo la paz interior y vuelve una frase que resuena en mis oídos:
-Si hubiese nacido cuarenta años antes me sentiría más cómodo. A veces me pongo a hablar de música con gente de cincuenta o sesenta años y comparto la misma sensibilidad. Es triste, pero eso no me ocurre con gente de mi edad.
JOEL TORTUL
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