Los históricos “Bayles de Jitanos “

TERESA FERNANDEZ HERRERA
Prensa Especializada

Hubo una época allá por el siglo XVII , cuando no se soñaba con el término “Flamenco “, cuando los bailes y cantes no eran espectáculo, sino la expresión espontánea de sentimientos compartidos por clanes de gitanos que llevaban la música en el alma. Aquellos “Bayles de Jitanos ” con el fluir del tiempo fueron creando un compendio histórico de lo que más tarde se conoció como flamenco, una historia de gitanos que siempre supieron contar los avatares de sus vidas, haciendo historia cantando, bailando y tocando, con el compás de sus ritmos por bandera.

Fue un proceso alquímico que se fue produciendo en suelo andaluz, como en un crisol de músicas gitanas, negras, agitanadas, moriscas, sefardíes, gitanescas, cultas, populares, tradicionales, afroamericanas, preflamencas y flamencas. Un fenómeno social aún poco percibido como tal proceso histórico, único en la historia de los pueblos gitanos de Europa, único en un suelo con profundas raíces que se pierden en la prehistoria de Al Andalus.

Hace unos años el bailaor onubense Antonio Molina El Choro, en una producción de la Fundación Cristina Heeren de Sevilla, puso en escena toda esta carga histórica, que debería estar más representada, mejor conocida, como aprendizaje de algo solo nuestro, que ha llegado a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Alguna vez tendremos que aprender a poner en su verdadero valor algo que no tiene parangón en este planeta. Y lo hizo con el sugerente título de “Aviso: Bayles de Jitanos”, con músicas, letras y bailes creados por artistas gitanos desde el siglo XVII.

Hubo metáforas para representar la infinitud del Flamenco, con un ritmo de compases de nudillos sobre una mesa redonda que se movió de lado a lado de la escena, como algo que nunca se acaba, que siempre vuelve a empezar. Un palo que ya no se ve por los escenarios, las chuflas gitanas,de donde surgieron las alegrías, la fiesta por todo lo alto, que siempre hay algo que celebrar mientras se está vivo. Un comienzo del aje que identifica a todos los gitanos, porque suceda lo que suceda, siempre hay algo que celebrar. Y se celebra a compás de cante, toque y baile.

Todo fue diferente en estos Bayles de Jitanos. Los pasos de baile, los cantes y toques, los cambios en escena, la luz que creaba y marcaba secuencias. Un espectáculo coral, sin protagonistas, o con protagonismo de todos, cada uno en su momento. Guitarrista de perfil por bulerías, marcando intensidad con ese elemento tan de hoy como un buen diseño de iluminación recreando el pasado. O dos guitarristas de espalda al público, con los cantaores frente a ellos, y el bailaor delante de todos ellos. O aquella escena cumbre, la de la reja marcada en un cuadrado de luz en el suelo y el bailaor marcando pasos sobre ella, como en una cárcel. Y un cantaor cantándole casi al oído, a modo de expresión de un drama intenso..

Las guitarras se volvieron moriscas para un cante muy antiguo y al mismo tiempo muy nuevo en un escenario del siglo XXI. El Choro, vestido de aguador de tiempos pasados, bailó descalzo unos Pregones de flores y canastas, cantes de aguadores que están en el origen de los cantes apolaos.

Y así se fue profundizando en los orígenes: Las Chuflas Gitanas de Garrido de Jerez; la primera bulería  grabada por La Niña de los Peines; las zarabandas afroamericanas que bailaban los gitanos en la histórica Venta de Caparrós, en el camino de Lebrija a Jerez en 1781; las Cantiñas de Tío José el Granaíno y la Juanaca, adaptadas de cantes de zarzuela allá por el XIX.  

Antonio Mairena que reelaboró cantes antiguos por los años sesenta del XX, como aquellas tremendas tonás sobre las represiones sufridas por el pueblo gitano. Tonás y Seguiriyas primitivas donde se canta al alba de un nuevo día y a la libertad. Tonás del repertorio de Don Antonio Chacón, que más tarde transformó en zambra  Manolo Caracol; Zambras de Sabicas y el Niño de Miguel

Tangos granaínos y extremeños que aprendieron a vivir en armonía; de los últimos derivan los Jaleos. De los pregones de flores y canastas cantados por aguadores, surgieron los romances y cantes apolaos. El jaleo de gitanos de la escuela bolera; las jácaras y aires preflamencos del siglo XIX que fueron la base musical para crear una bulería  preflamenca del siglo XXI.

Un espectáculo que cuenta y resume una larga historia. Un espectáculo que debería recordarse al menos anualmente,  en alguno de los ciclos de baile flamenco que se programan en varias ciudades de España.

Estuvieron en el espectáculo que ojalá vuelva pronto:

  • Rafael Estévez, guionista.
  • Antonio Molina El Choro, bailaor y coreógrafo.
  • Pepe de Pura, Jesús Corbacho y Moi de Morón, cantaores.
  • Gema Moneo, bailaora.
  • Jesús Guerrero y Juan Campallo, guitarristas
  • Paco Vega, percusiones.

“Aviso: Bayles de Jitanos” cerró el Festival Suma Flamenca de  2016.

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