CULTURAL: EL MISTERIO DE LA MESA DE SALOMÓN

PEPE SÁNCHEZ
Periodista

Hiram de Tiro (El Maestro Hiram de la Masonería) el arquitecto que construyó el Templo de Jerusalén, fue quien diseñó y estructuró esa Mesa por requerimiento del propio Salomón, y que aparece descrita con todo cuidado en 1-Reyes 7: 23-26 o en 2-Crónicas 4: 1-5. 

Es uno de los más grandes enigmas del universo. Según las  escrituras, Salomón ordenó la fabricación de una mesa de oro y  esmeraldas, que estaba fundamentada en 365 pies también de oro. Pero el  tesoro más grande, no eran los minerales preciosos que la conformaban.  Era que –según la Cábala judía- allí estaba insertado el verdadero  secreto de Dios.  

La  Biblia cuenta de cómo Salomón no le pidió a Dios riquezas, sino sabiduría. Y esta sabiduría vino con la construcción del templo de  Jerusalén. Para materializar esa edificación, el legendario rey hizo  llegar a Israel a los mejores arquitectos del mundo conocido incluyendo a Tarsis –a la que algunos autores hacen coincidir con España- muy  cerca de donde se cree estaba ubicada la mítica Atlántida.  

Lo  cierto de todo, es que estos arquitectos, en especial el citado Hiram de  Tiro, director de la construcción.  aportaron a Israel su conocimiento  de la naturaleza y del Cosmos, y la idea egipcia y recogida por los  griegos, de que el hombre es un Microcosmos.  

¿Eso que significa?  Simple. Así como el Cosmos funciona a la perfección, sin que mano humana  intervenga en él, tal es el hombre. Capaz de producirlo todo para su  propio beneficio, en el máximo grado de la excelencia. Hecho a imagen y  semejanza de Dios.  

“Así como es arriba es abajo”, señala un  postulado esotérico, que trata sobre el mismo tema. Es lo que muchos  creen ver en la famosa Estrella de Salomón (o de David, para otros), dos  triángulos equiláteros, enlazados por la mitad, con uno de sus vértices  en la parte superior y otro en la inferior.  

El triángulo, se  considera la creación perfecta. La Santísima Trinidad, de la Iglesia  Católica y las tradiciones egipcias, sumerias, caldeas y babilonias, así  lo indican también. Esto está basado en hechos tangibles. Por ejemplo:  ¿Por qué existe la luz? Porque hay oscuridad, ¿Y cómo sabemos que  existen ambas? Porque podemos percibirlas. Si falta este tercer lado del  triángulo, nuestra percepción, entonces no existen luz u oscuridad.  Como para un ciego, verbigracia.  

Los dos triángulos, entonces, significarían la Gran Verdad del  Universo. Dios arriba y el hombre hacia abajo, pero siendo una criatura  excelsa, hecha, como se sabe. a su imagen y semejanza.Pero todo no se  reduce a eso. Salomón buscó y conoció el total comportamiento del  Cosmos, y el verdadero nombre de Dios. Este nombre, que no podía ser  escrito y que era pronunciado en voz muy baja por los sacerdotes en las  ceremonias del templo, y que le da poder al hombre sobre todas las  criaturas en la faz de la tierra y aún a los mismos cuerpos siderales.   El hallazgo del Paraíso.  

El secreto completo de la  sabiduría de Salomón  quedó grabado en los jeroglíficos que él mismo  hizo imprimir en su Mesa, cuyo significado jamás reveló. ¿Dónde está hoy  esa Mesa? 

Como se sabe, los sacerdotes la escondieron cuando Nabucodonosor invadió a Israel. Luego, volvieron a colocarla en  el templo, que fue saqueado por las tropas de Tito en el año 70 D.C. y  la Mesa, llevada a Roma, donde permaneció en el santuario de Júpiter, hasta cuando fue trasladada a Francia para evitar que cayera en manos de  los visigodos.   

Más tarde su destino sería  Toledo, España,  donde se pierde su pista. Se dice que Tarik la tomó cuando los árabes  invadieron la Península, pero otros señalan que está en una cueva en  Jaén.Los Caballeros Templarios, durante las Cruzadas, se enteraron de  este secreto y empezaron a buscarla.  

Los libros están llenos con  las historias del dinero que obtuvieron los Templarios –que no sólo  recibieron por ser los creadores de la los bancos- y las ingentes sumas  que gastaron en hallarla.  

De la misma manera, el obispo Alonso  Suárez de Fuentes del Sauce –otro de los que buscaron la Cueva o Cava-  obtuvo una cuantiosa fortuna durante la época de la búsqueda, así como  el rey Fernando III El Santo y su hijo Alfonso X El Sabio, quienes a  pesar de gobernar territorios pobres, vivieron una época fastuosa, de  abundancia, mientras intentaban dar con ella.  

Hasta ahora no fue  encontrada, pero el secreto de la Mesa  ha sido transmitido. De generación en generación, arquitectos y albañiles (¿o masones?), han  ido revelando el enigma que, aunque no descifrado,  parece estar escrito  en las catedrales medievales.   

Observando con detenimiento los  grabados y las esculturas talladas en sus paredes, se ven figuras como  las del dios Bafomet, las manzanas –que siempre, en todas las culturas  han sido el símbolo de la sabiduría- las enredaderas con entrelazamientos sin fin, representando el conocimiento, las tres rayas  verticales separadas pero convergentes, mostrando la presencia de la  Diosa Madre.  en las que el espectador comprende que la verdad de la  Creación está ahí, esperando sólo ser interpretada..

Hallar la Mesa o  descifrar la escritura de jeroglíficos en las catedrales. Es quizá, hasta ahora, el más infructuoso intento de la raza humana.

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