La «Tierra Bendita» de Patricia Guerrero

TERESA FERNANDEZ HERRERA. Periodista, Escritora, Directora Gral. Cultura Flamenca.   PRENSA ESPECIALIZA

Tienen razón los artistas cuando dicen que no hay dos funciones iguales. A la distancia de siete meses, desde agosto pasado que vi en La Unión esta exquisita producción del  Ballet Flamenco de Andalucía dirigido por la sin par Patricia Guerrero hasta este martes 3 de marzo que he vuelto a verlo en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera en el marco de su Festival Flamenco anual, ha llovido mucho y la “Tierra Bendita” aún siendo igual, mismo elenco, ha crecido mucho. No todos los días el público jerezano aplaude por bulerías un espectáculo. No todos los días se ve en este Teatro Villamarta, sede principal del festival, un espectáculo tan lleno de arte, belleza, coordinación, iluminación, – sin tinieblas, gracias a Dios- en suma, dirección rozando la perfección como esta tierra bendita que es Andalucía. Este ballet nos cuenta escena a escena la historia inigualable de este pueblo, a años luz de cualquier otro de esta gran península, desde la prehistoria hasta hoy.

Patricia Guerrero está demostrando ser tan gran directora como coreógrafa y bailaora. Baila en cuerpo y alma, tanto flota en el espacio como se aferra a la tierra, su tierra, que Andalucía es cielo y tierra por igual.

Cortesía imágen copyright Esteban Abión

Esa noche en el Villamarta volvió a llevarnos a un Territorio por tanguillos con participación de todo el elenco. Segunda escena por tarantas, nada menos que la Taranta del Niño, gloria bendita de cante de Manuel Gines y toque por la guitarra prodigiosa de José Luis Medina. De ahí nos llevó a la Venta del Pobre, por tientos tangos, cante, toque y compás apiñados junto a una mesa con mucho arte mientras Eduardo Leal y Sofía Suárez componían un dúo de danza de los que hacen época.

Punto y aparte para el concierto de castañuelas  de David Chupete, algo que no se escuchaba desde los tiempos de Lucero Tena en el casi recién estrenado Corral de la Morería. Me apuntaría a un concierto solista de Chupete, algo que nos llevara de lleno a los tiempos de los fundadores de  las castañuelas o crótalos,  a aquel Al-Andalus tan presente en el flamenco hasta hoy.

Chupete. Cortesía imágen copyright Esteban Abión

Los fandangos Tierra Bendita, solo cante en la madrugá en la voz profunda de Amparo Lagares, una voz que traspasa el alma; y la granaína Paseo de los Tristes, Granada no se entendería sin este histórico paseo, antiguamente camino al cementerio de la Sabica, y con vistas fabulosas de la Torre de Comares y el Generalife. Interpretado al baile por Ángel Fariña y Adriana Gómez.

Del cabo a la Alcazaba. Cortesía imágen copyright Esteban Abión

Siguió la escena, Del Cabo a la Alcazaba – más historia de Andalucía – por tanguillos bailados por todo el elenco masculino para mostrar la belleza de la virilidad en el baile flamenco. Y seguido, para hacer resplandecer la belleza del baile femenino, una Plaza de las Flores con seis bailaoras, con seis batas de cola perfectamente sincronizadas y mantones blancos bordados en rojo. Vestidas como flores. No puede darse mayor belleza, la primera premisa en un espectáculo de baile y no me canso de repetirlo.

Casa de las Flores. Cortesía imágen copyright Esteban Abión

El culmen de la noche con la aparición en escena de la gran Patricia, vestida de rojo fuego con bordados de plata en el torso, un modelo de alta costura flamenca para bailar y recitar el poema de Manuel Benítez Carrasco a Don Ramón Montoya, La Fiesta de la Gloria.

         Cuando Don Ramón Montoya se fue,

porque  lo llamaron para una fiesta en la Gloria,

temblaron  tristes y solas, sin que nadie las tocara,

las  guitarras españolas.

Todos sabemos cómo baila Patricia Guerrero de la cabeza a los pies, todo arte, gracilidad como si el movimiento surgiera de forma natural desde su entraña más profunda. No he visto brazos moviéndose con esa natural gracilidad con que los mueve su baile. No es ella, es el baile en armonía con todo su cuerpo hasta llegar a los pies. No es fácil describir con palabras lo que ven los ojos.

Cortesía imágen copyright Esteban Abión

Después, Alameda, quizá dedicada a la sevillana Alameda de Hércules, porque aquí se representa a toda Andalucía, una bulería por soleá que la gran Guerrero transforma en única.

No podía terminar de otra forma esta performance de Andalucía que por seguiriyas, primero en dúo con Eduardo Leal al que para finalizar se unió todo el elenco.

Seguiriya. Cortesía imágen copyright Esteban Abión

Patricia Guerrero ha puesto al servicio del Ballet Flamenco de Andalucía no solo toda la sabiduría acumulada en su brillante trayectoria como bailaora, productora y coreógrafa. También ha puesto el amor al servicio de su tierra, la tierra bendita para millones de andaluces.

En cada momento, en cada micro movimiento de los bailarines, en el cante profundo de Amparo Lagares,  en el de Manuel Gines, en las guitarras de José Luis Medina y Jesús Rodríguez, en la iluminación de Rafael Gómez, en el fastuoso vestuario, está presente la dirección de Patricia Guerrero, discípula sobresaliente de Juan Dolores Caballero.     


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