
A ver, lector… ¿Sabía que el tango tiene vínculos con la CASO ciencia?
Denise Sciammarella nació en Buenos Aires y tiene 54 años. Es doctora en Física e investigadora de la Recherche Scientifique de Francia, donde vivió y desarrolló buena parte de su labor científica trabajando sobre “la topología del caos y dinámica”, y puso en marcha un laboratorio internacional en Argentina, asociado al CONICET.
Es un caso extraordinario, porque creció con su padre trepado a un árbol para escuchar a Oscar Alemán cuando no podía pagar la entrada, o participando del coro y las clases del director de Opus Cuatro y aprendió a tocar la guitarra y el órgano en la iglesia. Más aún: ya adulta, viviendo en París y embarazada de su primer hijo, apareció el músico Guido Sábato, nieto del escritor, quien le propuso que cantara con él en bares de Montmartre.
–Mi vida había girado hacia la ciencia, y es mi profesión. Fue un viraje raro. Pero yo quería recuperar algo de la música popular que me había emocionado de chica, dado felicidad, incluso el tango. Cuando descubrí a Rodolfo Sciammarella, que no fue pariente mío, quise recuperar su memoria y homenajearlo. Se me ocurrió de golpe, cuando tropecé con la partitura de dos tangos suyos que nunca se grabaron; fue un empuje emocional. Hablé con su hijo mayor y con él planeamos un homenaje a su padre en 2013, a poco de cumplirse cuarenta años de su muerte.
Esos tangos desconocidos son El gordinflón y Lutecia –el nombre romano que tenía París-, pero Denise debió armar una orquesta con cierto apremio. Terminó haciéndolo sólo con mujeres: Cindy Harcha, bandoneonista chilena; Perla Flores, violinista mexicana que tocaba en Vale Tango, un proyecto del pianista argentino Andrés Linetzky; Hanel Yeon, pianista coreana; Shinno Onaga, una segunda pianista japonesa; Mariana Atamás, violinista ucraniana y la única argentina, junto a Denise, que es la cantante y aprendió con Osvaldo Peredo y Lidia Borda: Geraldine Carnicina, chelista de Bahía Blanca.
El éxito del espectáculo fue tal que no sólo quedó formado el grupo Sciamarella Tango, sino que la Asociación Nacional del Tango lo eligió para encabezar su propio homenaje al recordado director de orquesta.
Hay algo interesante acerca del repertorio inicial, pues todo este proceso tanguero parecía rodar a velocidad de la luz alrededor de la científica. Por supuesto aparecieron otras autorías de Sciammarella: Mocosita, Salud, dinero y amor y Besos brujos; pero también se abrió camino a viejos temas de Villoldo, como La Morocha y El choclo, destacando el primero con una impronta excéntrica: –Cindy, que tiene ascendencia árabe, es también bailarina; entonces agregamos percusión con el Derbake, un instrumento que se usa cuando baila la odalisca.
Sciammarella Tango tiene una impronta específica, diferente, con algo de romanticismo calculado dentro de una estética densa y por momentos extraña, digamos cosmopolita.
Pero la prestigiosa científica, devenida cantante y directora de orquesta en la madurez, parece tener todo muy claro:
–Dentro de la tradición, hacemos alguna locura. Surge de un amor enorme por el conocimiento, por el disfrute de contarle viejas cosas a la gente que tal vez no las conoce en esencia. Y aclaro: el goce no pasa por la pirueta, ni en el tango ni en la ciencia. Pasa por la elegancia, aunque en el tango haya que aceptar que no se la toma como un ingrediente musical. Buscamos que palabra y música “se agarren”. Ese es nuestro norte, nuestro ideal. Después veremos lo que nos vaya saliendo. Ahora bien: nada de virtuosismo por exhibición, porque eso aleja a la gente.
Denise, precisamente por su condición de científica, hizo impactantes hallazgos recientes. Por ejemplo, la partitura de La Morocha en francés, que data de 1909, y la de El Choclo, de 1912. Paralelamente, halló grabaciones curiosísimas de tangos, en París, que datan de comienzos del siglo XX.
¿Y cómo canta Denise?
Ah, lector, eso es subjetivo. Busque alguna grabación y juzgue usted. Ella ha dicho que su estilo tiene que ver mucho con una escuela de canto que reclaman el repertorio y el género, al que le tiene mucho respeto; sigue estudiando con Lidia Borda, cuya influencia se advierte enseguida y parece que le va bien: Sciammarella Tango va por su tercer álbum, con una propuesta muy clara, buscar una renovación, rescatando, con una forma más adecuada a los nuevos tiempos.
“Todo aquello bueno que se hizo antes y nunca fue interpretado o escuchado”.
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