
La XX Suma Flamenca de Madrid ha renovado el impacto que las “Scarlattianas” de David Peña Dorantes tuvieron en la pasada Bienal de Sevilla, donde fueron estreno absoluto. Sonatas del compositor barroco rescatadas para el flamenco. Las mismas pero con improvisaciones del momento. Por eso no hay dos conciertos iguales.
Hoy no hubo inmersión en las cuerdas del piano, pero tocó el piano con la mano derecha y el teclado eléctrico con la izquierda. Hoy sobre todo emocionó con el clavicémbalo o clavicordio, al que arrancó sonidos profundos, nítidos, limpios. Hoy el sonido en la Sala Verde fue perfecto. Y los sonidos del contrabajo del maestro Antonio Torres, ya sean música o percusiones cobraron protagonismo en un diálogo tan descriptivo como emocionante, tan coordinado con el resto de las cuerdas. Se notó el rodaje de este concierto. En Sevilla fue estreno absoluto. Aquí la veteranía es de muchos grados.

¿Qué relación tuvo el napolitano Domenico Scarlatti con España y con sus músicas étnicas?
Scarlatti fue contratado en Portugal como profesor de clavecín de la princesa Bárbara de Braganza, quién andando el tiempo se casó con Fernando VI de España, por lo que la discípula ya convertida en reina y el maestro se instalaron en Madrid. Luego por un tiempo, la corte se trasladó a Sevilla y Scarlatti con su alma sensible de hombre del sur se reencontró con aquellas músicas, se impregnó de los sonidos del proceso alquímico producido en suelo andaluz, en un crisol de músicas gitanas, negras, afroamericanas, moriscas, sefardíes, cultas, populares, tradicionales, preflamencas solemnes y festeras, aquellas que la gente del pueblo tenía para descargarse de las “fatiguitas” del duro trabajo de sol a sol y para expresar la alegría de vivir.
555 Sonatas que hicieron famoso mundialmente al compositor, todas creadas en España, pues aquí vivió hasta su muerte, siempre como músico oficial de la corte. Todas ellas fueron compuestas para clavecín o clavicordio; el piano apenas era una novedad por entonces.
Así, las sonatas se impregnaron de música gitana, hispano-árabe, popular española y de danzas españolas del siglo XVIII. Todo ello está en su estructura.
Dorantes ha hecho el camino a la inversa. Ha acercado la estructura barroca al flamenco. Y ha querido hacerlo de forma magistralmente descriptiva, viajando desde el piano acústico actual, con la visión de sus dos mundos, con su enorme riqueza de sonidos y los arreglos siempre certeros y emocionantes. Ha querido experimentar algunas de sus composiciones en el clavicordio, instrumento para el que fueron creadas las Sonatas, un paso atrás del piano, con su claridad de sonido. Para luego terminar el viaje en el teclado eléctrico, para ofrecer la otra forma de sonar, en el más reciente instrumento de cuerdas y teclas.
De Dorantes, además de su música me encanta que siempre se reivindique como gitano de Lebrija. Ojalá todos los gitanos del mundo, artistas o no, llevaran el orgullo de serlo por bandera.
El contrabajo, instrumento tan barroco como las sonatas scarlattianas, se ha hecho imprescindible en el flamenco de concierto, a lo que aquí se añade el profundo conocimiento y virtuosismo del catedrático Antonio Torres; una breve mirada del maestro Dorantes basta para que las percusiones de Sergio Fargas sintonicen con este viaje en el tiempo. De Rafael de Utrera hay que decir que no solo su cante representa la raíz más genuina. Todo en él es raíz, su cara, su expresión facial y corporal, sus palmas de acompañamiento.
El cuarteto hace un milagro de coordinación que describe clara y hermosamente este complicado viaje musical en tres tiempos históricos. La coordinación es el quinto protagonista. Dorantes, artista de raíz por herencia gitana siempre logra el más difícil todavía.
El concierto.
La base del concierto es la misma que en Sevilla, pero las improvisaciones son distintas porque son cosa del momento. Por eso no hay dos conciertos iguales, me dice Dorantes cuando he ido a saludarle en su camerino.
Preciosos arreglos para piano acústico de la Sonata K-1 en do menor. Dorantes la titula K-1 en 4, quiero entender en cuatro versiones con arreglos distintos de esta primera sonata scarlattiana por tangos y tanguillos.
Con las “Guajiras doménikas” el oído se acomoda y disfruta con esos cambios al compás jondo de ida y vuelta desde la rítmica barroca. Dorantes se empeña en un juego de ritmos, al estilo a que nos tiene acostumbrados, nacido de su profundo estudio y conocimiento del piano. Lo clásico y lo jondo están en su imaginación y en sus manos. Ha trabajado a fondo para lograr ese jondo barroco. Asombra la diversidad y riqueza de sus variaciones rítmicas.
Entre sus composiciones advertimos una grandiosa rondeña y una seguiriya muy personal al piano eléctrico, un capricho, un experimento más en el viaje sin fin de Dorantes.
“Al compás 213”, son percusiones al piano donde se encuentran ritmos de jazz, y compás flamenco, coordinadas con percusiones del contrabajo y la batería. Las “Danzas Ibéricas”, tan españolas como barrocas, danzas del siglo XVIII, un siglo crucial en desarrollos musicales. Aquí fueron un encuentro singular de danzas netamente españolas con sus reinvenciones scarlattianas, un mar de versiones en las que predominaron la seguiriya y las bulerías…
Sobre la base del fandango de Scarlatti, Dorantes ha creado su “Fandango a tierra”. Fandangos barrocos para despedir el concierto. Scarlatti compuso un fandango, basándose en las músicas de ida y vuelta que circulaban por la Sevilla del XVIII y las relacionó con la chacona que también ya era popular en Sevilla, por su punto transgresor tan acorde al carácter sevillano. Ambas llenas de variantes rítmicas preflamencas y barrocas con las que Dorantes arrasó.
Gitanos del mundo: Fuera complejos, vean lo que se puede conseguir siendo gitano: Ser el único pianista, compositor y arreglista flamenco de fama mundial.
Descubre más desde LA AGENCIA MUNDIAL DE PRENSA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

