EL PENSADOR: Sueño, pesadilla, realidad..?

Por Antonio Pippo

¡No lo hago más!

Perdón, lector, por el exabrupto, pero es que he reincidido en un hábito que siempre me causó problemas: leer cierto tipo de textos luego de la cena.

En este caso fue, en realidad, una relectura. Volví a las páginas de “Sabidurías invisibles”, escrito por el antropólogo checo Douchan Gersi –fallecido en 2015- y que refiere básicamente a fenómenos paranormales y su investigación a través de métodos científicos.

Gersi convivió con chamanes de Java, con practicantes del vudú haitiano, con sanadores filipinos, con hechiceros andinos y se introdujo en prácticas como la clarividencia, la telepatía, la levitación, el vampirismo y el mundo de los zombis.

¡Ah, el mundo de los zombis, esa suerte de momias vivientes que regresan de las oscuridades en el momento menos pensado!

Claro, fueron ellos los que, al dormirme, me aterrorizaron con una dantesca pesadilla escenificada nada menos que en el universo político nacional, que se ha convertido en una especie de fijación para mí y todo, en sueños, lo relaciono con él y al otro día me despierto con unas ideas conmovedoras de las que me cuesta separarme, porque las veo tan, pero tan reales…

Según Gersi, en Haití el término zombi designa a alguien del que se cree que es un muerto o momia viviente. Y lo que es más estremecedor aún: los haitianos están persuadidos de que si un zombi les mira también ellos se convertirán en uno y seguirán al que primero apareció como si fueran detrás de un líder.

¿El partido político de los zombis, de las momias vivientes?

¿Ve, mi amigo? Por ahí empezó mi maltrecho cerebro, en estado de sueño convulso, a encontrar las similitudes con nuestra cotidianidad de una idea en principio disparatada, cuya aparición se debió, pura y exclusivamente, a las convicciones de Gersi sobre que los haitianos han dicho siempre la verdad acerca de los zombis y sus poderes. A tal punto llegó su certeza, que en el libro citado describe lo siguiente: “Todos los zombis que he entrevistado han dicho que oían cuanto sucedía durante su supuesta muerte (…) y cuando con la ingesta de una planta milagrosa volvían a tener conciencia, más allá de su estado físico deplorable, y se restablecía, aunque a duras penas, su perdido equilibrio metabólico y aunque volvían a integrarse sintiendo que habían estado en el infierno, sentían deseos irrefrenables de volver a sus andanzas, con la seguridad de que en ellos reside la salvación de la comunidad”.

Esa aludida planta milagrosa es llamada “pepino de zombi” y solo se conoce entre ellos mismos. Este curioso fenómeno no ha sido explicado hasta hoy.

Lo que escribiré a continuación no es sino una teoría, producida por una pesadilla, y no omite el respeto por las personas mencionadas, su investidura o su trayectoria.

¿Y si la política uruguaya estuviese repleta de momias vivientes? Este es un país de viejos y de avivados. Por ahí andan, pretendiendo continuidad de alguna forma, pero comportándose como momias vivientes, algunas estimables personas como los propios candidatos a las internas, legisladores empeñados en alentar la sospecha de padecer una indefinida patología cerebral y militantes verbalmente indescifrables a quienes nadie sabe qué zombi mayor concedió tanta altanería, así como los múltiplemente reelectos dirigentes sindicales.

¿Se imagina, lector, una elección de momias vivientes?

A ver, a ver. Ya imagino a muchos defecándose de la risa por el disparate que hoy brotó de mi cerebro privilegiado.

¿Ah, sí?

¿Pensaron con un poco de detenimiento si ésa no sería la pintura más realista no sólo del país que tenemos, sino del que puede venir?

¿Renovación? ¡Las películas! El país de los zombis.

Aunque… ¿Y si todavía no desperté y sigo, dormido, atrapado por ese sueño tratando de explicarlo? Cómo me gustaría recuperar la conciencia y darme que usted, lector, y otros, me espetan furiosos que soy un pelotudo.


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