Todos los «Martinicos» con Leonor Leal y David Lagos

TERESA FERNANDEZ HERRERA. Periodista, Escritora, Directora Gral. Cultura Flamenca.   PRENSA ESPECIALIZA

Leonor Leal, David Lagos, los Proyecto Lorca Juan Jiménez y Antonio Moreno, y Manuel Valencia dieron una lección de cómo crear, coreografiar y teatralizar un proyecto que merece ser visto mundialmente, para regalo y disfrute de públicos heterogéneos.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

Cualquier palabra se queda pobre para describir tan perfecta conjunción de cante, baile, guitarra, percusión, saxo, flauta y corno, en una coordinación coral de músicas que inspiran las bellísimas danzas de la bailaora y bailarina, los protagonismos de cante de David Lagos, casi haciendo llorar con el poema cantado de Miguel Hernández, dedicado a su hijo, la alternancia de músicas a veces con rasgos orientales, a los sones del corno antiguo de Juan Jiménez y la marimbas de   Antonio Moreno. El saxo para acercarse al jazz o una delicadísima flauta acompañante solista al baile, o  el sonido penetrante del equipo de percusión.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

Cantes de David Lagos que surgen del silencio y lo rasgan. Un David Lagos inconmensurable, con su voz profunda sin estridencias, voz que acompaña y acaricia.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

Qué decir de Leonor Leal. Tengo tres bailaoras/bailarinas favoritas y una de ellas es Leonor Leal. Un cuerpo hecho para el baile, en ella se queda atrás lo aprendido, para dar paso a la naturalidad que parece emanar  del interior hacia lo exterior. Como el Moisés de Miguel Ángel, del que el artista dijo, él estuvo siempre ahí, yo solo quité el mármol que lo encerraba. Así sucede con el baile y el cuerpo de Leonor, siempre estuvo ahí, ella lo hizo visible a través de su cuerpo. Lo más difícil para una bailarina/bailaora es el movimiento armónico de los brazos, sin nada aprendido ni mecánico, -que tanto vemos en el mundo flamenco y que tanto rechina- no es fácil integrar los brazos en el conjunto de la danza de forma armónica, pero Leonor lo borda. Asombra su gracilidad, a veces su levedad, que combina sin esfuerzo con la percusión de su punta-tacón. Hasta la forma de vestirse en cada una de sus cuatro escenas de baile está integrada en lo que está expresando con su movimiento. Todo en ella es arte puro, belleza donde no cabe ninguna disonancia, su danza es un placer para todos los sentidos.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

En palabras de Leonor Leal, cito: Antes de que el aire se conmueva, debe hacerlo la piel, el pelo, las fronteras del cuerpo. La emoción viaja por mis vísceras, por los órganos y músculos, por la sangre que hierve o templa, por los dientes, y hasta por el tuétano de los huesos. Es mi viaje interior, del que no espero nada. Surge de dentro de mí misma, a través de la práctica y el temblor de mi cuerpo.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

David Lagos se busca en los poetas Miguel Hernández y Rafael Alberti. En su claridad incierta, donde la razón se disuelve y reinan las tinieblas. En la muerte, principio y fin; en la vida, apenas alegría y llanto.

“Martinicos le di a mi cuerpo” es una obra coral perfecta, en la que todos los artistas comparten protagonismo por igual, espacio por igual, no hay divismo. Es una lección magistral de cómo montar un proyecto de músicas, cante y baile, de cómo crear teatro total en su máxima expresión, es un viaje por la poesía y el cuerpo, donde algo asciende desde los pies, recorre la sangre y se hace voz y movimiento.

Martinicos le di. Imagen cortesia de Esteban Abión

Algo que no se ve a menudo. Quizá por eso se aprecia más. 


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