El cante, lo mejor del Festival de Jerez

TERESA FERNANDEZ HERRERA. Periodista, Escritora, Directora Gral. Cultura Flamenca.   PRENSA ESPECIALIZA

Con esta crónica despedimos el pasado Festival de Jerez.

El jueves 6 de marzo fue día grande para el cante en el Festival Flamenco de Jerez. Empezamos en la Sala Compañía –mi espacio favorito del festival- con José Montoya Berenjeno que con Manuel Heredia a la guitarra estrenaban disco, “Lealtad”. Luego en el Villamarta la compañía de baile de María Moreno, con protagonismo indiscutible del cantaor Miguel Lavi, -lo mejor el espectáculo- y para remate un glorioso trasnoche en el Palacio de Villavicencio, con la primera actuación en el festival de una cantaora de Sanlúcar, Alba Bazán, auténtica fuera de serie.

“Lealtad” fue un Jerez en pleno. Berenjeno, un hijo de la Plazuela y Manuel Heredia se conocen de toda la vida, empezaron juntos a cantar y tocar; son puros cómplices en el arte, amigos en la vida. Más Jerez, segunda guitarra, Luis Moneo, el más joven de una saga de cantaores plazueleros;  a las palmas, dos históricos, Juan Diego Valencia y Manuel de Cantarote, de otras dos sagas históricas de Jerez.  Los coros y palmas a cargo de Javi Peña y Naim Real y a la percusión Alex Fernández.  Jerez casi en pleno, porque aún faltaba algo.

Empezaron por lo festero, para dar alegría al cuerpo, una manera de definir lo que tratan de hacer con este trabajo y como profesionales, amigos y cómplices. Lealtad, cualidad de leal; fidelidad, nobleza, franqueza, amistad, honradez, devoción, adhesión, cumplimiento, observancia. Antónimo deslealtad. Ellos son legalidad, verdad, realidad.

Cuando se quedaron solos en escena, José y Manuel para cantar y acompañar una seguiriya en una penumbra azulada, –inciso: la iluminación de 10- el arte, la amistad de siempre, la complicidad profesional se dieron la mano y el resultado fue uno de los momentos gloriosos de este festival, en el que la jerezanía rebosaba arte por los cuatro costados. Uno de esos momentos que perduran en la memoria.

Luego, Berenjeno llamó a escena fuera de programa a toda su parentela para hacer piña en un final de fiesta de cante y compás; hasta los guitarristas se unieron al compás, en una autentica celebración familiar al estilo más puro de Jerez. Y ahí cantaron todos, uno a uno, y cantó ella, madre mini faldera que además de cantar se marcó unos pasos de baile llenos de sensualidad. Pura piña, pura fiesta jerezana, fiesta al amor de su gente, algo que no se ve ni por lo más remoto fuera de esta tierra bendita, algo que nos gustaría compartir.  

Por eso, lo de Berenjeno y Heredia fue más que un concierto. Fue una vivencia de la gitanería de Jerez, una orgía de emociones transmitidas por quienes las estaban viviendo en vivo, en directo, compartidas con el público que llenaba la sala Compañía.

Ahora toca Alba Bazán, nueva en esta plaza. Un auténtico placer conocer a esta sanluqueña, que canta de lujo, con unos registros vocales, graves, agudos e intermedios, con una técnica vocal  que deja sin respiración, cielos, asombra la capacidad pulmonar de esta joven mujer. Y aparte esto, arte, musho arte, arte por todo lo alto.

La verdadera promotora de Alba Bazán fue su abuela Rosa, quién la crió mientras trabajaban sus padres. La abuela Rosa, otra historia de cantaora frustrada por ser mujer y madre solo atenta a la crianza de los hijos. La propia Alba lo dice: Ella tenía una voz muy bonita y toda la vida le gustó cantar flamenco y copla. Pero vivió en una época difícil para la mujer. Ella se dedicó a cuidar de sus hijos, nunca pudo dedicarse a cantar profesionalmente. 

¿Cuántas veces hemos oído esta historia? Centenares de veces.

Reconoce Alba que canta gracias a su abuela Rosa. A ella le hubiera gustado cantar y ahora la reivindico. Lástima que ya no pueda escucharme.

Maravilloso trabajo hizo la abuela Rosa, porque el cante de Alba es emocionante e impresionante. Luego, con quince años estudió con el guitarrista Manuel Lin, pero la base es la familiar. A los dieciocho años empezó a ganar premios, no solo en Andalucía, también en Extremadura, Madrid, un segundo premio en Euskadi. Pero con el que mejor se siente es con el de las Noches en el Bajo de Guía. Y es que la tierra tira y mucho.

Alba hizo honor a los cantes sanluqueños, por caracoles, mirabrás, rosas, romeras. Pero también hubo una seguiriya en honor a Jerez y un final por bulerías en las que puso a bailar a sus palmeros, Naim Real y Edu Gómez, acompañados por la guitarra de Javier Ibáñez.

Una inolvidable noche sanluqueña – jerezana gracias a una cantaora excepcional, que aún no ha logrado toda la expansión que merece.


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