
TERESA FERNANDEZ HERRERA. Periodista, Escritora, Dir. Gral. Cultura Flamenca. PRENSA ESPECIALIZA
Hay eventos teatrales que se convierten en algo íntimo, estrechamente ligado con la historia de cada espectador. Eso ocurrió gracias a Juan Valderrama este viernes 22 de mayo en el teatro de la Casa de la Cultura Carmen Conde de Majadahonda, el municipio de la Comunidad de Madrid donde resido desde hace décadas y tan rico en manifestaciones culturales de todo tipo.
Juan Valderrama, hijo del histórico cantante de copla Juanito Valderrama, del que hablamos aquí hace un par de semanas. Gracias a él y a su espectáculo “Historias de la copla”, en el que fue intercalando canciones e historias de aquellos pioneros de este género, que no se sabe cómo ni cuándo nació, aunque sí dónde, en Andalucía. Se dice que la copla fue hija de la zarzuela, otro género musical español, y que poco a poco fue convirtiéndose en algo que se identifica no solo con una forma de ser, también con los cambios sociales de género a lo largo del último siglo de nuestra historia.
Empezó Juan con una pionera, la sevillana Estrellita Castro, uno de los puntales del primer Café Cantante de España, el de Silverio Franconetti en Sevilla. Juan eligió cantar la famosísima “Suspiros de España” y se atrevió a decir que ahí y con ella nació la copla.
Presentó a Estrellita como artista polifacética, no solo como cantante, también como actriz de cine. Cantó flamenco, copla, pasodoble, -fue llamada la reina del pasodoble- cuplé, boleros cubanos, mazurcas y tangos porteños. Fue un ídolo en Europa y América Latina en los años treinta.
Luego presentó a Concha Piquer, contando su historia en Estados Unidos de la mano de Carcellé y cómo en seis meses de estudio de inglés, canto y baile empezó a presentarse a varios castings. Regresó a España después de hacerse famosa en las Américas, con un bagage artístico que nadie tenía aquí. Sus mentores fueron Quintero, León y Quiroga, la Santísima Trinidad de la copla, y su éxito fue enorme. Pero el mayor éxito fue con una canción que en principio no se escribió para ella, “Ojos verdes”.
Cuenta que se gestó una tarde en Barcelona en la que estando reunidos en un café Rafael de León, Miguel de Molina y Federico García Lorca se habló de ella y Federico dijo que se parecía a su Romance Sonámbulo. Sí, Federico, ya sabemos que tú has inventado el color verde, dijo Rafael.
Y la Piquer hizo famosa la historia de los “Ojos verdes”.
Juan Valderrama habla de su padre y de su madre, Dolores Abril, que –dice Juan- podría haber sido mejor cantante que él, pero en esos años y con niños en casa y la fama de Juanito, ocurrió lo que con Lola Flores y el Pescaílla.
Habla del Juanito Valderrama de posguerra, de cuando llamó a Angelillo exiliado republicano en Argentina. Lo convenció para que volviera, aseguró que no le pasaría nada. Y así fue, volvió, no le pasó nada, trabajaron juntos con gran éxito, pero un buen dia Angelillo le dijo que se volvía a Buenos Aires. Tú te has acostumbrado a esto, pero yo no puedo vivir sin libertad.
Angelillo volvió a Buenos Aires. Al poco tiempo le diagnosticaron un mal de estómago. Le operaron, y no regresó del quirófano. Tragedias de guerra de las que algunos no se libran en la paz. Ni en libertad.
Su copla en esta tarde resuena en todos los oídos de los espectadores: “La hija de Juan Simón”
Miguel de Molina. ¿Quién no conoce la dramática historia de Miguel de Molina, a través de la extraordinaria película “Las cosas del querer”? Ser artista conocido, republicano y homosexual, ya sabemos a dónde conducía en el primer franquismo. Él recibió una paliza enorme de aviso, te vas o mueres.
En Buenos Aires tampoco querían mucho a los maricas. Tuvo que irse a México donde también tuvo problemas que prefiero no detallar aquí, porque duele. Volvió a Argentina, llamado por Eva Perón y pudo vivir una historia de éxitos. Su película “Esta es mi vida”, está considerada la primera gay de la historia.
Juan Valderrama le interpretó con la inolvidable, “La bien pagá”.
Luego habló del terremoto Lola Flores, el polo opuesto de la Piquer, pero con un don único, saber llegar a la entraña de quién la escuchase y la viese, de su relación amor-odio con Manolo Caracol y su final borrascoso. No sé porqué no mencionó a Cesáreo González, el productor que la hizo famosa en las Américas y en todo el mundo.
Cantó para rememorarla, por supuesto, “Pena, penita, pena”.
No podía faltar el famosísimo Antonio Molina, ni su copla por antonomasia, “Soy minero”.
Ni Manolo Escobar, ni su “Porrompompero” .
Sería interminable hablar de todos los que han hecho famosa la copla, -siguió Valderrama. También habló de cómo se desdeñó este género durante la Transición, relacionándola con algo franquista, antiguo, machista. Pero la copla sobrevivió y fue aún más internacional cambiando de estilo, con letras que empoderaban a la mujer.
Y ahí no podía faltar, la mejor voz que ha cantado copla en este país: Rocío Jurado.
Rocío Jurado ya nos es contemporánea a muchos. Su maravillosa voz, su vida, sus avatares familiares, su trágica temprana muerte. Inolvidable aquel programa de RTVE, hecho para despedirse, en el que cantó como nunca. Deberían reponerlo de vez en cuando.
Valderrama la trajo al presente con “Se nos rompió el amor”.
Aún hubo hueco para Carlos Cano y su “María, la portuguesa”.
Faltaban las propinas. Hubo peticiones del público. Yo estaba rezando para que cantara la copla de su padre, dedicada a todos los que en los tempranos años cuarenta tuvieron la suerte de poder abandonar su país y su vida precisamente para salvarla, muchos para siempre.
Nadie la pidió, pero Juan Valderrama dio fin a su espectáculo “Historias de la copla” con El Emigrante.
Como no podía ser de otra manera.
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